Alcohol y antibióticos ¿Se pueden mezclar?

¿Mito o realidad? Revisa esta nota y sabrás cuándo es mejor prevenir que curar.

Futuro360

Desde nuestra primera cerveza que venimos escuchando que el alcohol y los antibióticos son mala mezcla. Pero, ¿qué tal real es esa afirmación?

Más que afectarnos en el nivel de borrachera, los expertos aseguran que las terapias antibióticas pueden mermar su eficacia en presencia de alcohol. 

Si se consume mucho, pero un solo día, el antimicrobiano se metaboliza más rápido. Y si el consumo es crónico, se inhibe el metabolismo del medicamento a causa del daño hepático que produce el trago.

Por eso, los bebedores frecuentes deben extremar cuidados a la hora de tratarse con medicamentos de este tipo.

Sin ser inflexibles, los médicos aseguran que una copa de vino de forma aislada no hará gran cosa, sobre todo si se trata de amoxicilinaamoxicilina-ácido clavulánico.

Pero nunca hay que confiarse, pues si se bebe mucho alcohol, estos medicamentos pueden aparecer nauseas, vómitos y diarreas, ya que se irrita la mucosa gastrointestinal.

Sí hay que ser severos al consumir metronidazol (que se usa para tratar las infecciones dentales y de las encías, las vaginosis bacterianas y algunas parasitosis), pues el organismo actúa de forma inversa y, en vez de eliminar el alcohol, lo retiene.

Igual es el caso de la doxiciclina (que se utiliza para tratar infecciones de la piel, tipo acné o rosácea facial) y los antituberculosos rifampicina e isoniacida. El primer pierde eficacia inmediatamente; y los segundos, dañan el hígado.

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