Desde el reino animal hasta los humanos estamos familiarizados con el ciclo diario, en el cual uno se despierta renovado -cuando duermes lo necesario- y a medida que pasa el día y realizas tus labores, el cansancio comienza a aumentar y simplemente no puedes hacer nada más que dormir.

Incluso, mientras más horas te quedas despierto, más fuerte se vuelve esta necesidad de dormir, un cansancio conocido como presión homeopática del sueño.

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¿Cómo ocurre ello? Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad Bar-Ilan, Israel, se propuso analizar este proceso más de cerca.

Utilizando un pez cebra -ya que posee un cerebro similar al nuestro- indujeron un daño en el ADN mediante la utilización de productos químicos, radiación y luz, de modo que cuando llegaba a cierto punto de cansancio, el pez se dormía, según indica el comunicado.

Allí encontraron una mayor actividad de las proteínas reparadoras del ADN, además de observar si el animal se despertaba temprano -antes de las 6 horas- el daño del ADN se atasca y es probable que continúen durmiendo o cansados durante el día.

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Sin embargo, lo más interesante fue descubrir el nuevo papel de la proteína PARP1 -sus niveles tienden a aumentar durante el día y disminuir en la noche-: descubrieron que promueve el sueño y la reparación del ADN.

Al realizar un segundo experimento, pero esta vez con roedores, al inhibir el PARP1, se redujo la duración y calidad del sueño.

El estudio fue publicado en Molecular Cell y el equipo espera comenzar a investigar si este mecanismo también se reproduce en humanos.

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