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Un nuevo estudio identificó un isótopo radiactivo en distintas mieles producidas en el sureste de EE.UU., las cuales provienen de antiguas pruebas nucleares.

El cesio radiactivo (principal isótopo que se produce en la fisión nuclear que tiene un periodo de semidesintegración luego de 30 años y medio), es considerada un reliquia debido a es una evidencia de las numerosas pruebas con bombas nucleares que fueron realizadas por Estados Unidos en las Islas Marshall y la Unión Soviética en el archipiélago de Nueva Zembla en el Océano Ártico y actual territorio de Rusia.

Estas pruebas nucleares fueron realizadas durante la Guerra Fría como parte de la carrera armamentista que realizaron ambas potencias.

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El director del Programa de Ciencias y Ambientales del College of William and Mary, en Estados Unidos, Jim Kaste, mediante su estudio evidenció que en 68 de 122 muestras de diferentes tipos de miel adquiridas en el sureste de EE.UU. poseían niveles de cesio-137 (137Cs).

Kaste explicó que en el noreste encontró una deposición de 137Cs ligeramente más alto en comparación del sureste de EE.UU., sin embargo, en la concentración de miel del sureste era curiosamente más alta en 137Cs, pero “segura para el consumo humano”.

“Que todavía podamos medir en los alimentos el 137Cs de las pruebas de armas nucleares mundiales después de que hayan transcurrido 2 vidas medias es una indicación de cuán importante fue la contaminación en las décadas de 1950 y 1960“, explicó Kaste.

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Pese a que las pruebas nucleares se realizaron a mediados del siglo XX, esto revela que las acciones humanas con efectos dañinos para el medio ambiente puede quedar presente por generaciones. 

Asimismo, lo interesante del 137Cs, es que las plantas son más propensas a absorber este isótopo radiactivo desde la Tierra. Esto se debe a que cesio-137 puede imitar a los nutrientes, en este caso al potasio, y la vegetación es capaz de “reciclarlo” debido a las propiedades que le entrega al suelo.

“Este proceso es capturado por el análisis de la miel; las abejas traen los contaminantes que están presentes en el néctar de origen vegetal a la colmena y los concentran mientras producen miel”, indicó.

El estudio fue publicado en la revista Nature Communications.

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