Por Nicolás Kunstmann

Hace pocos días conocimos una lamentable noticia, que pone –literalmente– a todo el mundo en alerta: el año 2023 se transformó en el más caluroso de toda la historia, según reveló un informe presentado por el Servicio de Cambio Climático Copernicus, perteneciente a la Unión Europea, que recopila datos desde 1850.

Esta información se conoce sólo semanas después de que la COP28, en Dubái, hiciera un urgente e inédito llamado para abandonar los combustibles fósiles, planteando un complejo desafío a los países y cientos de industrias, donde una de las más aludidas es la logística, por su volumen, y porque sus operaciones han estado históricamente vinculadas a la dependencia de energías como petróleo, gas natural y carbón, entre otros.

En efecto, al revisar las principales causas de la contaminación, vemos que la logística es una de las mayores fuentes de CO2 del mundo. Por ello, avanzar hacia prácticas más verdes y sostenibles es hoy un imperativo social para la industria, especialmente si consideramos que se trata de un sector clave de la economía, que funciona como epicentro de muchos otros sectores del mercado.

En este sentido, la conversión de flotas a vehículos eléctricos se perfila como una solución real, tal como evidenció el Consejo Internacional del Transporte Limpio, que calculó que cada automóvil reconvertido podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 63%, mientras que otros estudios estiman que estos pueden generar una disminución de hasta un 70% en los costos operacionales de las compañías.

No obstante, los altos costos iniciales y la escasez de estaciones de carga plantean desafíos sustanciales cuando pensamos en electromovilidad. Por lo tanto, si no es posible actualizar la flota, se deben encontrar otras soluciones tecnológicas para hacer frente a los problemas de planificación y gestión, puesto que una ruta mal diseñada tiene un impacto directo en la contaminación provocada cuando se utilizan automóviles convencionales.

Otro punto fundamental para una logística sostenible es tener una infraestructura adecuada, ya que acercar los centros de distribución al corazón de las ciudades, o mejorar la calidad de carreteras y calles, son pilares fundamentales para elevar los estándares medioambientales de la industria, sin embargo, para esto debe haber una importante colaboración público-privada que permita lograr estos objetivos.

En síntesis, la urgencia de transitar hacia prácticas más verdes en la logística es innegable e impostergable, especialmente cuando se revisa su responsabilidad en la contaminación mundial, por lo que hacer caso omiso a los llamados de atención que nos entregan los propios datos, no hace más que poner en jaque el futuro de cientos de generaciones.

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