Por Andrea Moreno Espinosa
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El panorama hoy en la calles es lo más cercano a una película de zombis. Mientras los semáforos siguen su curso, un silencio ensordecedor sólo es acompañado por la presencia lejana e imperceptible de la luna, única testigo autorizada.

Pero hoy algo más nos ve, analiza y tiene bajo la lupa. La gran revolución del Big Data o datos masivos, es sin duda nuestro “gran hermano”, nos observa detalladamente y sabe más de nosotros que cualquier conocido a veces con alcances escalofriantes, pero por lo mismo también podría ser el aliado necesario para enfrentar el coronavirus.

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A través de esta tecnología sitios como Google, han elaborado una recolección de datos con resultados que nos dan una radiografía exacta de nuestro comportamiento por estos días y cómo ha ido variando el movimiento. El reporte se realizó con datos arrojados de teléfonos Android con geolocalización a nivel nacional.

Parte de sus resultados observan lugares como cafeterías, restaurantes, centros comerciales, parques, museos y otros sitios a los que regularmente se visitaba. En ellos hubo un -73% de flujos de personas comparado a la línea base que se tomó antes de la crisis.

La medición aborda desde el 16 de febrero hasta el 29 de marzo e incluyó también supermercados, farmacias y tiendas especializadas de alimentos. Allí se registró un -55% de concurrencia. Así también para el caso de lugares públicos, como parques nacionales, playas y centros deportivos, con un -72%.

Futuro 360° quiso consultar su opinión a Bárbara Poblete, Investigadora del Instituto Milenio Fundamentos de los Datos y académica de Computación de la Universidad de Chile. “Me parece interesante la iniciativa de Google, de presentar este tipo de datos. Tienen muchísima información de nosotros. No sólo de estos datos agregados, sino que tienen todas las transacciones online, los mails y nuestras búsquedas. Son muchos servicios que nosotros consumimos y la moneda de cambio para estos servicios, son nuestros datos”.

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Su alcance y poder es enorme, pero no está exento de dudas, en este caso sobre qué nos muestra exactamente esta imagen. “No sabemos qué tan representativos son estos datos de la actividad de las personas en el territorio chileno. Al no tener la información desagregada por regiones, ni comunas, no podemos saber qué partes de Chile están más o menos representadas. Podría por ejemplo estar reflejando de sobremanera lo que ocurre en comunas con cuarentena”, dice Poblete. Para obtener ese dato requiere tener activada la opción de historial de ubicaciones en Google (que no viene activa por defecto).

Para imaginar su relevancia es necesario comprender el concepto de Big Data. Si lo llevamos a un ejemplo práctico es similar a la de recolectar arena. Cada uno de nosotros es un grano y diariamente agregamos información relevante: qué comemos, dónde andamos, qué nos gusta y qué no. ¿Para qué nos podría servir? Usted pensará de nada, pero si se organiza permite que una empresa sepa cómo o cuándo es el mejor momento para vendernos algo, o bien qué tipo de campaña nos impactará más, la cosa cambia. Como ve, la arena cobra otro valor cuando es parte de un castillo, uno que puede producir mucho dinero.

Es por esto que se vuelve relevante contemplar que lo que está en juego es la privacidad de las personas. Poblete afirma que en este caso Google fue bastante cuidadoso en utilizar datos que resguardan la privacidad. Sin embargo, “Esto no quiere decir que empresas como esta no estén también almacenando datos detallados de todos nosotros”. Esta advertencia no es menor si consideramos que además nuestra actividad digital se ha incrementado enormemente en cuarentena.
Ahora, esta tecnología nos permite ampliar el abanico de estudio de nuestras conductas, pero también un podrían ser un “remedio” para el desarrollo de políticas públicas.

Para Rafael Catalán, sociólogo y académico de Universidad Central: “Esto muestra la necesidad que más sectores privados se sumen a entregar datos para que el Estado pueda coordinar todos ellos a través de una política de gobierno de datos, que nos permita tomar decisiones estratégicas, para poder, de una vez por todas, solucionar el tema de la crisis sanitaria”.

Toque de queda: el retorno del silencio

En conjunto a las mediciones realizadas, se han hecho otras que muestran una baja en la contaminación acústica: el ruido bajó un 75% por la ausencia de transporte.

Es parte de lo recopilado por la Universidad Autónoma, quienes en con el Ministerio del Medio Ambiente, estudiaron dos puntos de la capital: Providencia y Ñuñoa para dejar en evidencia la clara señal que la ausencia de vehículos influyó directamente para el tímpano humano y por qué no, de la tierra.

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Desde la cartera de Medio Ambiente, dicen que se compararon los niveles de ruido medidos antes y después del inicio de las medidas que estableció la autoridad sanitaria. La medida fue a una escala logarítmica. Entonces, al hablar de una disminución de 3 decibeles, indica que se redujo un 50% la energía acústica.

Datos, pequeños granos de arena, que conjuntamente podrían ayudarnos a diseñar una mejor ciudad para todos.

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