La crisis climática podría hacer que los vuelos transatlánticos se vuelvan más incómodos, esto de acuerdo a una investigación sobre el impacto del calentamiento global sobre las corrientes a propulsión.

Las corrientes a propulsión son fuertes corrientes de aire que se encuentran en las altitudes donde los aviones vuelan. Estas Son el resultado de la gradiente de temperatura del aire entre los polos y trópicos.

Estas corrientes de viento pueden alcanzar hasta 400 kilómetros por hora, y a veces pueden meandrar, es decir, ocasionalmente toman una forma ondulada.

Los investigadores afirman que estudios previos de la velocidad y la ubicación de las corrientes a propulsión más rápidas del norte del Atlántico sólo han descubiertos pequeños cambios a través del tiempo, aunque hay señales de que se están moviendo léntamente hacia el norte.

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Los expertos afirman que la falta de alteraciones dramáticas se debe a que el cambio climático produce efectos competitivos a diferentes alturas.

El último estudio, sin embargo, tomó una aproximación diferente. “Sólo porque la velocidad no está cambiando, no significa que las corrientes a propulsión no estén cambiando de otra forma”, afirmó Paul Williams, profesor de la Universidad de Reading y principal autor del estudio para The Guardian.

Su investigación, publicada en la revista Nature, se fijó en el cambio de la velocidad del viento con altitud, conocido como cizalla o trasquile vertical. “Mientras más alto vayas, más ventoso“, agregó Williams.

Usando 3 conjuntos de datos diferentes, todos basados en observaciones satelitales, el equipo identifico un aumento del 15% en el trasquile vertical vertical entre 1979 y 2017; fechas consistentes con la intensificación del cambio climático.

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“Los vientos y las temperaturas están en cierto balance dentro de la atmósfera”, afirmó Williams. “A consecuencia de esto es imposible cambiar los patrones de temperatura sin afectar a los patrones del viento”.

El incremento en el trasquile vertical tiene consecuencias importantes para la nave. “Si el efecto de la cizalla del viento se vuelve muy fuerte, además de moverse de una capa de aire a la siguiente, se genera un gran salto de velocidad, lo que causa las turbulencias“, afirmó Williams.

En otras palabras, grandes cambios en las velocidades del viento en altura puede resultar en la ruptura o “disrupción” en las capas de aire.

El impacto va más allá de que unos cuantos pasajeros tengan que abrochar sus cinturones de seguridad o sacar su “bolsa de mareos”. Más zonas turbulentas se traducen en más desvíos de aviones que tratan de evitarlas, lo que incrementará el tiempo de los viajes, emisiones y costos de combustible.

Trabajos anteriores del equipo sugieren que, asumiendo que no se toman medidas drásticas contra el cambio climático, la cantidad de turbulencias severas en la atmósfera se podrían duplicar o triplicar para el 2050.

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