El coronavirus ha impactado de forma generalizada en la calidad de vida de las personas, sus estados de ánimo y la cantidad de dinero que ingresa al hogar. Sin embargo, la magnitud de esto ha sido desigual: los segmentos más golpeados son los estratos de menores ingresos, las generaciones jóvenes y las mujeres.

Esta, fue una de las conclusiones principales que planteó el primer informe Vida en Pandemia; un estudio interdisciplinario liderado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. La investigación monitoreó la forma en que la crisis sanitaria está influyendo en distintos grupos de la población a nivel socioeconómico, sociopolítico, psicológico y cultural.

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Bienestar mental, físico, trabajo, endeudamiento, relaciones familiares y visiones de la sociedad son parte de los temas abordados en la encuesta que se aplicó a 2.552 personas durante el mes de julio. Para su realización, también contó con el patrocinio del Instituto Milenio para la Investigación de Imperfecciones de Mercado y Políticas Públicas (MIPP) y de UNESCO.

La pandemia ha generado una desestabilización, fragilidad e incertidumbre económica. En relación al empleo, un 21% de los encuestados dice haber perdido su trabajo y un 24% señala que algún miembro de su familia quedó sin empleo. Esta cifra es mayor entre jóvenes de 18 a 29 años; un 25% de ellos asegura haber perdido su trabajo.

El nivel de endeudamiento, en tanto, es elevado en el segmento de menores ingresos, donde un 73% de las personas declara tener problemas para pagar créditos de consumo y un 56% señala dificultades para comprar artículos básicos. El desglose etario indica, por otra parte, que los jóvenes son los más endeudados, quienes en un 60% reportan problemas para pagar créditos de consumo y un 38% indica dificultades para comprar artículos básicos.

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La inestabilidad laboral ha provocado un extendido sentimiento de incertidumbre. Esto, se vio reflejado en tres indicadores: 24% de los entrevistados cree altamente probable quedar sin trabajo, un 48% piensa que es altamente probable que la deuda del hogar aumente y un 56% afirma como altamente probable que el ingreso del hogar se reduzca. 

El panorama es aún más complejo entre los más pobres, segmento donde el 75% cree que el ingreso del hogar se reducirá en los próximos meses. Mientras que el 66% cree que la deuda del hogar aumentará.

¿Cómo estamos enfrentando la crisis?

Las respuestas relacionadas a sentimientos y sentidos, varían principalmente por edad y secundariamente por género. En términos generales, el estado de ánimo ha sufrido un deterioro durante la pandemia en más de la mitad de las personas, y alrededor de un tercio está desanimado o muy desanimado en el presente.

Uno de los resultados más llamativos fue que a mayor edad, la vivencia de la pandemia se sitió en un registro emocional más próximo a un polo positivo. El análisis por grupo etario indica que 65% de los jóvenes -entre 18 y 29 años- dice que su bienestar o salud mental a empeorado. En el otro extremo, un 45% de las personas mayores de 60 años indica empeoramiento de su bienestar y un 53% dice mantenerse igual que antes.

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En cuanto a género, un 62% de las mujeres señala que su salud mental ha empeorado, versus un 50% en el caso de los hombres. Sin embargo, los resultados más reveladores aparecen al considerar respuestas por género y edad. Bajo este prisma, aparece que el 69% de mujeres más jóvenes entre 18 y 29 años y el 63% de las pertenecientes al segmento 30 y 44 años, declaran que su bienestar ha empeorado.

En los hombres, el segmento más afectado fue el juvenil, donde un 61% indicó empeoramiento de su salud mental. La situación es muy diferente en el caso de los mayores de 60 años, con un 19% que dice sentirse desanimado o muy desanimado y un 44% afirma estar animado. En el mismo rango de edad, la respuesta de las mujeres, con un 47% es de “ni animada ni desanimada”.

Los términos transversales a las generaciones, estratos y el género son: responsabilidad, preocupación y solidaridad. En el sentido inverso, el miedo es un sentimiento excepcional: lo experimentan mujeres jóvenes y de grupos de más bajos ingresos. El cansancio, en tanto, es una experiencia de mujeres jóvenes de todos los estratos sociales.

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El estudio identificó dos tipos de experiencias en los extremos, la de los hombres mayores por un lado, la de jóvenes y la de mujeres con menores niveles de ingresos. Para los primeros, la experiencia es de signo positivo, asociado a bienestar-esperanza, tranquilidad-calma, confianza, optimismo, seguridad, alegría, responsabilidad, preocupación, solidaridad y gratitud. En cambio para los otros dos grupos, la experiencia de pandemia está asociada a malestar-cansancio, aburrimiento, inquietud, frustración, angustia y agobio.

En el ámbito del malestar las emociones predominantes son dos: cansancio y aburrimiento. El primero domina la experiencia de generaciones jóvenes e intermedias, y de mujeres en distintos estratos socioeconómicos. El aburrimiento, en tanto, se suma a la experiencia de cansancio en jóvenes.

Algunas interpretaciones

La doctora en Psicología de la Universidad de Chile e investigadora del informe Vida en Pandemia, Irma Palma, explica a Futuro 360 que existe una diferencia generacional y que es la distinción más importante de los modos en que se experimenta la vida en pandemia. Otras diferencias relevantes son el género y rango etario, que sucede en hombres y mujeres, pero aparece más intensa en los hombres jóvenes respecto de los hombres mayores.

“Probablemente, en parte, la edad opere como biografía: las generaciones más adultas estén más preparadas para estar en confinamiento porque de alguna manera ya su vida transcurre en el mundo doméstico, o que hayan vivido más situaciones de crisis parecidas, terremotos, epidemias, etc. es decir, que sean más resilientes”, nos comenta la especialista.

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Palma también afirma que parte de las interpretaciones de los datos, hay que buscarlas en las transformaciones de la sociabilidad y de los vínculos, que conlleva una modificación de la vida cotidiana. “Por ejemplo, el cierre de las escuelas, de los bares, la suspensión de los conciertos o el teatro, de los encuentros incluso familiares, hace que las personas o queden solas, o surjan nuevos modos de encuentro. Esta crisis hace visible el valor de la presencialidad en nuestros vínculos”.

Añade que a pesar de que la comunicación remota ha incrementado mucho, ” igualmente, el distanciamiento físico conlleva una experiencia de pérdida”. 

Vida en Pandemia aplicará en total cuatro olas de encuestas durante el año 2020 para monitorear los cambios en la sociedad. Los próximos informes entregarán resultados sobre estudios a distancia desde el hogar, conducción política de la pandemia, moral de grupo y prácticas anticonceptivas, entre otros temas.

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