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Un grupo de científicos descubrió que en el interior del ADN de las algas marinas, se podrían encontrar evidencias del violento pasado geológico de la Tierra.

En un paper publicado en Proceedings of the Royal Society B, investigadores aseguran que los genes de un tipo de alga en la costa de la Isla Sur de Nueva Zelanda contiene marcas de un terremoto que ocurrió hace 800 años, cuando parte del piso oceánico se alzó por sobre la superficie, matando a gran parte de sus habitantes. 

Este suceso provocó que un nuevo grupo de organismos, con una piscina genética diferente, prosperaran y engendraran a las algas que conocemos hoy. Los hallazgos sugieren que los momentos de cambios cataclísmicos de un ambiente pueden revelarse, a través de la comparación de ADN con otros seres vivos similares. 

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Hace 4 años que Nueva Zelanda se vio enfrentada a un terremoto cerca de las costas del pueblo de Kaikoura, disparó un trozo de Tierra a más de 2 metros por sobre el agua, por lo que un grupo de investigadores decidió investigar cuáles fueron los impactos en la vida del sector. 

Si bien muchas especies murieron durante el cataclismo, el reemplazo de organismos entregó un grupo de prueba bastante consistente. Los científicos pudieron comparar el ADN de especies sobrevivientes, con otras más nuevas. 

Hace unos 800 años, de acuerdo al registro geológico, hubo un terremoto similar en otras costas de la nación isleña. Los científicos tomaron muestras de algas de dichos sectores y las sumaron a la comparación. Si bien todas las especies parecían ser iguales, los organismos que se vieron expuestos al ancestral sismo mostraron tener características genéticas totalmente diferentes a las de sus pares. 

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“Quedamos impresionados. Literalmente podrías ver la zona de quiebre y levantamiento en los genes“, aseguró Jon Waters, profesor de Zoología de la universidad de Otago y principal autor del estudio a The New York Times.

Las algas que sobrevivieron al cataclismo dominaron la piscina genética, dejando descendientes como una señal de un desastre antiguo pero también de renovación. “Una de las cosas que aprendimos es la velocidad a la que se recupera la naturaleza. Es bastante impresionante y tranquilizador que nuestro hogar tenga un poder tan grande”, concluyó el especialista. 

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