¿Qué podría ser más romántico que prometerle tu más completa devoción a la persona que amas, sobretodo en el día de San Valentín?

Salir, pololear o noviazgo, como quieras llamarle; el hecho es que la mayoría de los humanos tienden a disfrutar la compañía exclusiva de un otro “especial”. 

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La monogamia es una parte importante de nuestras relaciones románticas, y cómo se ha podido ver durante generaciones parecer ser un sistema útil al momento de procrear; lo cual hacer surgir la interrogante: ¿es la monogamia genética? 

Nuestros genes son responsables de una gran cantidad de características básicas. Estos determinan cuánto crecemos, que tan seguido vamos al baño o incluso son responsables de que algunas personas estornuden cuando ven el sol -esto se llama reflejo fótico del estornudo-.

Foto: Meadow vole, especie de roedor monógamo.

Y ya que estos códigos del ADN son una parte esencial del desarrollo de nuestro día a día, un grupo de investigadores quiso averiguar si los comportamientos también pueden ser traspasados, como por ejemplo; elegir una pareja y quedarse con ella de por vida.

Recientemente, científicos de la Universidad de Texas investigaron 450 millones de años de evolución genética e identifcaron 24 unidades que llamaron “genes de candidato”, asociados a comportamientos monógamos en el cerebro de los animales macho.

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La definición de monogamia para este estudio fue la de especies que tienen sólo una pareja durante al menos una temporada de apareamiento completa, además de compartir las responsabilidades de criar a sus hijos.

Su hipótesis: ¿podrían estos genes ser indicadores biológicos de la monogamía? Si ese fuera el caso, esto podría indicar que algunos comportamientos complejos socialmente son producto de la genética humana. 

Los investigadores estudiaron cinco diferentes especies monógamas, dos tipos de ranas dardo venenoso, al pez telapia, a pájaros parúlidos y dos pequeñas especies de roedores. Esto para poder representar a los anfibios, aves, peces y mamíferos. 

Foto: Tilapia, especie de pez monógamo.

Cuando se busca en sus genes con el método anteriormente mencionado, todos estos animales parecen tener un ancestro en común, ya que 24 códigos aparecen repetidos 5 veces a lo largo de los años analizados -de manera independiente-.

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Esto significa que en la historia de la evolución de los animales, estos en particular comparten 24 genes a pesar de que pertenezcan a especies totalmente diferentes. Lo que significa que estas especies monógamas comparten suficientes códigos como para afirmar que dicho comportamiento es producto de la configuración del ADN. 

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