Los castores son animales originarios de América del Norte y Eurasia. Se alimentan a base de cortezas, ramillas, hojas de árboles y raíces de plantas acuáticas. Con la intención de crear una industria peletera, en 1946, diez parejas fueron introducidas en la zona Argentina de Tierra del Fuego. Lo que parecía una gran idea de negocios, no consideró los efectos de trasladarlos a un ambiente distinto.

Se estima que actualmente hay entre 70 mil y 110 mil ejemplares en el sur de Chile. Su presencia ha significado pérdidas importantes en términos de biodiversidad, y ya se contabilizan más de 23 mil hectáreas de bosque nativo invadidas por el castor.

“El castor canadiense sigue haciendo en Chile lo que hace en su lugar de origen: embalsa riachuelos para construir una madriguera mitad tapada de agua y con acceso subacuático”, explica a Desafío Tierra Fabián Jaksic, director del Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (CAPES UC).

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Sus represas pueden llegar a los 1,5 metros de altura y 100 metros de longitud. Sin embargo, sus obras de ingeniería repercuten en los ecosistemas: cambian el régimen de descarga anual de los ríos, disminuyen la velocidad de las corrientes, extienden las superficies de los suelos inundados y aumentan la retención de sedimentos y materia orgánica que a su vez crea el hábitat para otras especies exóticas.

El gran problema, comenta Jaksic, es que los bosques fueguinos donde se ha ubicado el castor, “son únicos en el planeta y si su destrucción continua, un ecosistema entero puede desaparecer de la faz de la Tierra”.

Pérdidas económicas

Según una investigación que estableció el valor económico y sociocultural de los daños del castor, en siete décadas de invasión, ha tenido un impacto de al menos $73 millones de dólares.

El estudio fue realizado por la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la U. Chile, inscrito en el Proyecto GEF Castor y apoyado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Ministerio del Medio Ambiente (MMA).

“En esta ocasión, se buscó refinar esos datos en terreno y contar con la arista sociocultural, estimando el impacto no solo desde una lógica monetaria, sino también desde las visiones, valores, actitudes y conocimiento de los actores locales para enfrentar la invasión del castor”, aseguró Charif Tala, directora nacional del proyecto GEF Castor.

¿Cómo manejar la situación?

Según explica Jaksic, la única posibilidad es controlar las poblaciones de castores a través de “eliminarlos ya sea por caza, trampeo, cebos tóxicos o introducción de enfermedades”. Sobre un escenario donde no se tomen medidas al respecto, asegura que lo que podría ocurrir es “muy simple, se nos van a desaparecer los bosques fueguinos y con ello un ecosistema único en el planeta”.

En el año 2003, el gobierno realizó las primeras labores para gestionar la invasión del castor. A través del Servicio Agrícola Ganadero (SAG), se establecieron metodologías de control, educación y sensibilización a la comunidad.

Para 2017, se aprobó el proyecto “Fortalecimiento y desarrollo de instrumentos para el manejo, prevención y control del castor, una especie exótica invasora en la Patagonia chilena”, ejecutado por el MMA, apoyado por el Global Environment Facility (GEF) y la FAO.

Lo que todavía está en tramite parlamentario, es la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP). Un organismo que incluye “la gestión de especies exóticas invasoras y su responsabilidad en la prevención, control y erradicación en conjunto con el SAG y la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura según corresponda”.

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