Por Patricio Alarcón
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Hemos visto cómo cada fin de semana se desarrollan fiestas clandestinas o actividades no recomendadas en tiempo de pandemia. Es una realidad que se vive en Chile pero también en otras partes del mundo, donde el patrón es bastante similar: jóvenes incumpliendo las medidas de confinamiento. Según estimaciones, en Arizona (EE.U.U), por ejemplo, el 50% de los casos de coronavirus se atribuyen a personas entre los 20 y 44 años.

Para entender la problemática, un estudio investigó por qué no todos los jóvenes se comprometen con las estrategias de sanitarias. El trabajo ya fue publicado en la revista JAMA Pediatrics.

Los expertos realizaron una evaluación a 770 estadounidenses de entre 13 y 18 años. En ese grupo descubieron que el 69% había incumplido con la misión de no ver a nadie fuera del hogar. Pero, a pesar que la cifra refuerza la idea de la porfía entre los jóvenes, el estudio sugiere que las razones son bastantes complicadas: según los académicos, gran parte del incumplimiento de las políticas de distancia social se debería a una pugna personal entre el interés propio -vinculado a un menor respeto de las normas- y los sentimientos de responsabilidad social.

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“Los jóvenes parecen estar menos preocupados por las implicaciones del coronavirus para su propia salud y más preocupados por las implicaciones para la salud de sus seres queridos”, aseguró Benjamin Oosterhoff, autor principal del estudio y profesor asistente en la Universidad Estatal de Montana, según consigna el sitio Inverse.

Así, la encuesta reveló que hubo una correlación moderada entre el interés propio y la falta de voluntad para cumplir distancia social. “Lo propio” también encontró relación con comportamientos como el acaparamiento de productos alimentarios.

Por otra parte, las mismas evaluaciones indican una correlación entre practicar el distanciamiento social y percibir que el riesgo de la pandemia es mayor. Además, se muestra que valores como la responsabilidad social impulsan una mayor adhesión al confinamiento.

Con todo, los investigadores encontraron que los datos que muestran la relación entre responsabilidad social y buenos hábitos de prevención fueron estadísticamente más fuertes que los datos que sugieren que el egoísmo impulsó la desobediencia. Es decir, una pequeña esperanza en los refuerzos de sus comportamientos.

Pero no sólo eso es lo interesante a la hora de analizar esta temprana edad de la vida. Otro estudio de Oosterhoff sugiere que los adolescentes tienen más probabilidades de cumplir con las medidas sanitarias cuando estas vienen reforzadas por normas parentales o sanciones gubernamentales.

Por eso, el investigador ve con preocupación la flexibilización de medidas de aislamiento social en Estados Unidos. “La interacción es increíblemente gratificante para los jóvenes y a medida que más personas comienzan a reanudar sus vidas sociales, es probable que sea mucho más difícil cumplir con las recomendaciones”, dice.

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Para el director de Investigación del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad, Alex Behn, la adolescencia es una etapa que marca un periodo en el que se aceleran varios procesos como la capacidad de contener impulsos, lo psicosocial y la pertenencia a grupos. Ahí radica la importancia de comprender con qué herramientas se enfrentan ante la pandemia. “Uno se imagina al adolescente como alguien que no piensa nada de lo que hace, pero la verdad no es tan así. Los adolescentes son completamente capaces de entender lo que está pasando, procesar información y establecer conductas de ciudad”, plantea en conversación con Futuro 360.

Entendiendo todas estas particularidades, una de las claves es lograr transmitir mensajes adecuados para los jóvenes, fortaleciendo así la responsabilidad social y el cumplimiento de las recomendaciones.

“El enfoque ha sido adultocéntrico, no ha estado enfocado en este grupo. Algo ocurre que los mensajes están en un grupo etario. No están centrados en adultos mayores, en niños, ni adolescentes, están centrados en un cierto grupo que está homogeneizando a la población”, nos plantea Isabel Puga, vicepresidenta del Colegio de Psicólogos de Chile.

“Cuando nos empezamos a habituar, el peligro no es tan inmediato (…) Después de tres meses la gente se está acostumbrando, tanto que se puede empezar a descuidar las medidas. Para los jóvenes el mensaje tiene que seguir siendo potente, no basta con decir ‘hay peligro’. Hay que empezar a enviar mensajes para ese grupo etario”, concluye la psicóloga.

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