Por Sebastián Aguirre
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Aún no vemos la luz al final del tunel. Probablemente pasarán largos meses antes de una vacuna y años para que el COVID-19 deje de ser nuestra principal preocupación.

Lo que sí está claro es que habrán cambiado muchas cosas para entonces. Algunas para mejor, algunas para peor, y otras no sabemos.

Pero el mundo será muy distinto al que tenemos hoy. Porque el virus no solo nos acostumbrará a nuevos hábitos, sino que además le dio tracción a otros procesos de cambio tecnológico que difícilmente tendrán vuelta atrás. 

Lo que hasta ayer eran tendencias inevitables, pero aún en proceso de despegue, sencillamente explotaron hoy por el peso de la urgencia que aceleró estas grandes transformaciones de la llamada “cuarta revolución industrial”. No fue necesaria una ley o un gran lanzamiento tecnológico para que se masificara el teletrabajo en algunos sectores.

La educación a distancia entró a la fuerza, mientras el comercio digital -ante el cierre de espacios físicos- rompió la burbuja. ¿Están preparados para los robots? Sea cual sea la respuesta, la automatización será el próximo paso.

Antes de la pandemia, pudimos conversar con algunos de los líderes mundiales en estas áreas, para imaginar cómo sería el futuro. El COVID-19 cambió el escenario, pero no detendrá estos procesos. Por el contrario, hoy puede ser el combustible que los acelere los haga incontenibles. 

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“La tecnología siempre ha sido el gran motor del progreso en el mundo. De hecho es el único motor, podríamos decir eso. Y ahora que tenemos decenas de tecnologías avanzando rápidamente, nos entusiasmamos mucho con los casos de uso positivo como con la Inteligencia Artificial. Podríamos erradicar el cáncer en los próximos años. Eso es increíble. Pero nuestro cerebro siempre se enofca en lo negativo, nuestra amígdala busca el peligro. Y cuando vemos algo nuevo lo relacionamos a algo negativo”, aseguró Salim Ismail, de la Singularity University.

“El desafío más grande que tenemos es que para progresar necesitamos dos cosas: tienes que tener nuevas ideas, y hay muchas de ellas; y también tienes que romper con viejos patrones de pensamiento tradicional. Y somos muy malos en eso”, agregó el experto.

La inserción de nuevas tecnologías ha sido un motor constante de cambio en el mercado laboral. Han cambiado proceso productivos, aumentando capacidades y permitiendo actividades que manualmente son imposibles. Desde la Revolución Industrial de fines del siglo XVIII ha sido así. Pero nunca antes un proceso de cambio fue tan acelerado como el que vemos hoy. Las tecnologías exponenciales acortan los plazos y la pandemia se encargó de acelerar todo.

“Estamos en un momento similar en la historia al de la Revolución Industrial que tuvo lugar en el Reino Unido. Un tiempo de cambio tecnológico extraordinario. Maquinaria reemplazando a los artesanos. Y el resultado es similar al que vemos ahora: una clase media que desaparece, un estancamiento de sueldos (…) Y ese fue un tiempo de rápidos cambios políticos y sociales. La gente no aceptó fácilmente los cambios y pidieron al parlamento que los bloquearan” Carl Benedict-Frey, Historiador y Economista, Universidad de Cambridge y autor de “La trampa Tecnológica”. 

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El temor de ser desplazados por máquinas es inevitable y sus efectos sociales ya los hemos visto, en Chile y el mundo. Un desafío mayor para los trabajadores y también para los Gobiernos que tendrán que asumir el desafío de acompañar esos cambios. 

¿Cuál es el escenario de la automatización hoy? “La automatización ocupará solo una parte de los trabajos de las personas. No todo su trabajo y el trabajador tendrá que hacer otras cosas. No lo desplazará completamente. Lo que hemos visto en la historia es que la máquina hará una parte y la gente continuará haciendo otras cosas”, dice Michael Chui, de la McKinsey & Company.

“¿Qué hay que hacer con los trabajadores amenazados? La pregunta es si podremos reentrenar a la gente, si les podremos dar herramientas. Es un redistribución masiva, no un desempleo masivo”, concluyó Chui. 

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