A pesar de la aparente insistencia que han tenido varios países respecto a provocar cambios tangibles que contrarresten el calentamiento global, estudios han revelado que el dióxido de carbono (CO2) ha llegado a niveles récords este 2018.

Si bien el uso del carbón se mantiene por debajo del nivel históricamente alto de 2013, este año ha vuelto a crecer. Las medidas por frenar la industria que utiliza combustibles fósiles no son suficientes y los informes entregan cifras alarmantes.

China, el mayor emisor del mundo, registró un aumento del 4,7% en las emisiones, y según una investigación llevada a cabo por el Global Carbon Proyect (GCP) expuesta durante la COP24, el auge del mercado de los los automóviles ha ayudado a que los índices de CO2 a registren un máximo histórico en 2018.

Si bien las energías renovables también han crecido este año, no alcanzan a contrarrestar el ritmo del aumento de CO2.

En las conversaciones sobre el clima de la ONU en Katowice, la investigadora principal de GCP,  Corinne Le Quéré, de la Universidad de East Anglia, dijo a la BBC que el aumento en China se debió a la actividad del gobierno. “Durante los últimos dos años, el gobierno chino ha impulsado la economía y la economía se basa en la construcción y la industria pesada, el carbón y el acero. Cuando se impulsa la economía, en realidad se observa un aumento de las emisiones”, expresó.

EE.UU  secundaría a la nación oriental como principal contaminador. Después de varios años de declive, ha vuelto liderar el ranking. Una de las causas según los investigadores, se debe a la demanda de energía que produce un invierno muy frío y un verano caluroso. La lista de países, luego de China y Estados Unidos, la componen la Unión Europea (considerada como una región entera),  India, Rusia, Japón, Alemania, Irán, Arabia Saudita, Corea del Sur y Canadá.

 

 

Pero las emisiones de automóviles, camiones y aviones que utilizan combustibles fósiles siguen aumentando en todas partes del mundo, y continúan siendo el mayor problema.

Como explica el artículo de la BBC, el uso del petróleo es un factor común en países ricos y pobres. El continuo aumento de su consumo en el sector del transporte, la cantidad de combustible utilizado para los vuelos y el transporte por carretera ha aumentado un 4% en la UE. Y aunque en Estados Unidos, el uso de carbón disminuyó, los combustibles fósiles utilizados en los viajes en automóvil aumentaron en un 1,4%. “Aparte de la historia del carbón, las emisiones derivadas del uso del petróleo en automóviles, camiones, camiones y aviación no se han reducido en absoluto”, dijo Le Quéré.

Según los expertos, la gente está manejando automóviles más grandes de gasolina y diesel, viajando más lejos que antes, en más países.

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Del dicho al hecho

Para los científicos, además, es un problema que los líderes y expertos se junten a conversar y debatir sobre “la gran crisis ambiental”, si luego no tomaran acciones al respecto. Como expresó el Director en Investigación del centro CICERO para la Investigación del Clima Internacional en Oslo, Noruega, para BBC: “los compromisos globales asumidos en París en 2015 para reducir las emisiones aún no se han combinado con acciones proporcionales”.  La revista británica también destaca opinión de un miembro de la Organización para la pobreza mundial Christian Aid, Mohammed Adow, quién dice: “Todas las cálidas palabras pronunciadas en la cumbre climática de la ONU en Polonia no ayudarán a prevenir el cambio climático”, agregando que “el clima no responde a la retórica elevada, responde a las reducciones de las emisiones de dióxido de carbono”.

La industria y el cambio 

La industria automotriz, está reaccionando a las cifras. Si bien, el cambio ha sido lo rápido que se necesita, las medidas que se conocen son las siguientes:

  • Noruega dejará de vender automóviles que no sean eléctricos en 2025.
  • El Reino Unido, Francia, los Países Bajos e India dicen que pararán antes de 2040.
  • Volkswagen dice que lanzará su última generación de autos de gasolina y diesel para el 2026.

La reacción evidente que surge frente a estos márgenes, es el tema de la urgencia. Ya no hay tiempo, y los  números que se manejan parecen ser demasiado lejanos para el nivel crítico en el que nos encontramos. “Simplemente no podemos esperar casi un cuarto de siglo para eliminar gradualmente los automóviles que están calentando nuestro clima y haciendo que nuestro aire sea tóxico”, expresó Rosie Rogers de Greenpeace, para la revista británica.

 

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