Por José Ferrada
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Publicado por jferrada

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Para muchas personas la parálisis cerebral es una condición a la que se tienen que adaptar a través de largos procesos de terapia física.

La movilidad reducida provocada de desórdenes o daños neurológicos pocas veces es curable y la ciencia ha luchado por años para encontrar formas de revertir los efectos adversos que dichas condiciones pueden tener en la calidad de vida de las personas.

“Este campo tiene bastantes años, casi 20, pero el progreso ha sido lento, ya que los diferentes avances se enfocan en pacientes específicos”, aseguró Pedro Maldonado, doctor en neurología del Laboratorio de Neurosistemas, perteneciente al Departamento de Neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile a Futuro 360.

Sin embargo, un grupo de expertos realizó lo imposible; revirtieron la parálisis de un hombre a través de un implante cerebral.

Ian Burkhart perdió la sensibilidad de sus brazos producto de un accidente que sufrió en 2010. Esta condición lo acompañó por un largo tiempo, hasta que conoció al doctor experto en biotecnología Patrick Ganzer del Instituto Battelle Memorial.

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Cuando el experto injertó un implante en su cerebro para posteriormente conectarlo a una interfaz especializada logró algo que nunca antes visto: le devolvió la movilidad y la sensación del tacto a su mano derecha.

“Los músculos paralizados pueden ser reanimados siguiendo a través de una interfaz cerebro-computacional las heridas en la médula espinal, mejorando los impulsos y la función motriz y aún más, la sensibilidad al tacto, que es un elemento clave al momento de mover partes del cuerpo”, aseguró Ganzer y su equipo en el paper de la investigación publicada en Cell.

El implante permitió a Burkhart no sólo recuperar su movilidad, sino que también realizar actividades relacionadas a la motricidad fina como utilizar tarjetas de crédito y jugar videojuegos.

Gazer logró la hazaña a través de la sensibilidad residual que presentó el paciente tras sufrir el accidente, la cual era tan baja que no le permitía mover su mano. Antes del experimento se creía que todas las lesiones a la espina dorsal eliminaban completamente la interacción entre la piel y el cerebro, sin embargo el estímulo (a pesar de ser bajo) puede provocar cambios en las ondas cerebrales.

Estos casos ocurren cuando las fibras nerviosas somatosensoriales, responsables de enviar información sobre nuestro entorno a las neuronas, sobreviven a los accidentes medulares.

Gazer amplificó dichas señales a través de un “decodificador del tacto” implantado en el cerebro de Burkhart, para luego registrar la información a un procesador que transformó los impulsos en movimientos.

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“Lo destacable de este estudio fue la sensibilidad que le pudo devolver este ‘circuito cerrado’ al paciente, ya que la capacidad de palpar mejora enormemente las habilidades motriz de los personas paralizadas en proceso de recuperación” aseguró Maldonado.

“En Chile los avances en el campo de las interfaces cerebro-máquina se enfocan principalmente en tratar la enfermedad de Parkinson. En específico las investigaciones del doctor el Rómulo Fuentes, quien ha llevado a cabo ensayos clínicos al respecto en la Clínica Las Condes”, agregó el experto.

Maldonado explicó que el estudio del doctor fuentes buscó estimular al cerebro a través de la médula espinal para evitar intervenciones invasivas y de alto riesgo en pacientes.

“Nuestro laboratorio también ha realizado investigaciones en este campo. Hace un par de años realizamos un estudio clínico en ratas de laboratorio donde logramos comprobar que el cerebro de los animales puede distinguir diferentes estímulos artificiales”, aseguró el experto.

El académico explicó que el sistema que indujeron diferentes estímulos espasmo-musculares en los roedores, alterando su comportamiento y respuesta neuronal, comprobando así que el cerebro animal puede distinguir la diferencia entre dos tipos estímulos neurológicos. 

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