Por Javiera Albornoz
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Previo a explicar las razones del por qué no se debe usar la tasa de letalidad para representar lo que está pasando con la pandemia, es necesario explicar dos conceptos que generan confusiones: Tasa de letalidad y tasa de mortalidad.

Si bien ambas utilizan las cifras de muerte, son conceptos diferentes, no significan ni se calculan igual.

Al hablar de tasa de mortalidad específica de una enfermedad, se hace referencia a la proporción de fallecidos en una población total de un lugar determinado, en un periodo de tiempo específico.

Esta se puede expresar, dependiendo si es pequeña o no la cifra, como el número de muertes por cada 1.000, 10.000, 100.000 o 1.000.000 de habitantes.

Llevándolo a Chile, esa tasa se obtendrá con el número total de muertes por COVID-19 en comparación a los 19 millones de habitantes – según estimaciones que ha hecho el Instituto Nacional de Estadísticas respecto a la población total- del país en 2020.

Por su parte, la tasa de letalidad es un índice que se calcula con el número de personas que murieron por el virus y el total de aquellos que se contagiaron de este. La más importante es la que se calcula al final de la pandemia, que se denomina tasa de letalidad de la infección (IFR por sus siglas en inglés). En tanto, si esta es calculada mientras transcurre la pandemia, se llama tasa de letalidad de casos (CFR por sus siglas en inglés) y que es la que se explicará a continuación.

La tasa de letalidad por casos

El 8 de mayo, el ex ministro de Salud, Jaime Mañalich, en el balance diario “destacaba” la tasa de letalidad de Chile. “En nuestro país, esta llegó al 1,4% y hoy, con el esfuerzo de todos, está en el 1,1%”, detallaba en el reporte diario. Junto con eso, mostró un gráfico en la que nuestro país aparecía en el penúltimo lugar de letalidad entre los países de la OCDE, con un 1,3% junto a Nueva Zelandia.

En conversación con Futuro 360, el investigador del Instituto Milenio Fundamentos de los Datos y director de Ciencias de Datos de Northeastern University en su sede del Silicon Valley, Ricardo Baeza-Yates, explica que si bien la tasa de letalidad es una cifra que se usa “no significa nada, ese el problema. Es un número que no significa nada, que no debería usarse, pero la gente insiste en usarlo”.

En Chile, el ministerio usa la tasa de letalidad de casos (CFR). Ella, se calcula con los datos de los fallecidos conocidos dividido por los contagios confirmados. Frente a eso, el experto explica que el primer problema es que el número de fallecidos no es exacto, debido a los cambios de criterios que se han dado, por ejemplo, el aumento en miles de muertes probables reportado por el Deis.

Respecto del segundo dato que se utiliza, de contagiados, afirma que “el número es muy subestimado. En Chile ahora debe ser como la sexta parte de los reales”. Es decir, estamos logrando identificar como contagiados apenas 1 sexto del total de los contagios. Sólo sabemos los que tienen un examen positivo, pero no aquellos enfermos que no se han hecho un PCR ni tampoco aquellos que el sistema no alcanza a monitorear. La pandemia avanza más rápido que el testeo.

Pero el experto también agrega que se calcula mal, porque esta tasa debiera ser respecto a los fallecidos conocidos dividido por los contagios existentes cuando se enfermaron quienes murieron.

“Eso es un error que casi todo el mundo tiene, todos lo calculan mal. (…)No puedes calcular letalidad con la gente que está contagiada ahora, tiene que ser con la gente que estaba contagiada cuando se contagiaron los que murieron. Si no tiene un sesgo. Siempre va a salir más baja, porque hoy hay más gente contagiada”, agrega Baeza-Yates.

“Entonces, el resultado de tener un número impreciso divido por un número que es mucho más chico de lo que es, es arbitrario”, explica el investigador.

A través del siguiente gráfico, intenta evidenciar las diferencias que se dan en cada cálculo y los “errores” que se cometen. En ambas agrega los mismos datos. La diferencia radica en que divide “por un número más chico -contagiados al momento en que los fallecidos se enfermaron-. Entonces la bien calculada llega más arriba”.

Créditos: @polarbeaRBY

Explica que cuando aumentó la cantidad de test a inicios de mayo, bajó el porcentaje, porque aumentaron los casos, por ende, el denominador (casos confirmados) aumentó. Luego hubo menos resultados de test, entonces volvió a subir la tasa de letalidad.

También, durante el tiempo que se grafica, se agregaron 553 muertes de un día a otro. Sube. A la semana, agregaron los 31 mil casos que no habían sido contabilizados durante la pandemia. Vuelve a bajar. La subida posterior se debe a que aumentó la cantidad de contagios.

En esta gráfica, se muestran dos momentos de bajadas repentinas, ya al final de la curva. Ricardo Baeza-Yates especifica que esos son los lunes y martes, en donde se informan menos muertes en el Registro Civil. Eso debido a que la disminución de oficinas que atienden los fin de semana. Esto se evidenció el marte 23 cuando se reportaron 3 fallecidos, mientras que al día siguiente fueron 226.

Con todo esto, agrega que independiente de que se logre calcular bien o no la tasa de letalidad, el virus no ha cambiado. “Si tú me dices que de repente va al 1% y después va al 2%, es irreal que la letalidad ha cambiado porque el virus es el mismo. (…) Si tomamos la letalidad como la letalidad del virus intrínseca, esa no ha cambiado, esa debería ser una recta. Si la graficaras en el tiempo, debiera ser una línea horizontal”, señala.

A eso agrega que la letalidad final de la infección (IFR) será mucho menor que la tasa que se calcula actualmente, pues será con una estimación de todos quienes enfermaron. Con eso también, sostiene que no será muy distinta entre países, que sólo cambiará levemente por factores etarios y sanitarios, evidenciando que personas van a fallecer por otras enfermedades producto de un colapso en el sistema sanitario, pero que no se consideran en ella al no haberse contagiado.

Respecto de eso, Nature a través de un artículo señaló que esta tasa final podría estar entre el 0,6 a 1%.

Por qué no debemos comparar entre países

Cada país registra las muertes con metodologías diferentes. También, cada país testea de forma diferente y aplica más o menos test por millón de habitantes. Por eso es que cada uno sabe relativamente la cantidad de contagios reales. “Por todas esas razones, la tasa de letalidad es distinta en cada país y no es comparable con la de otros”, señala el investigador del Instituto Milenio Fundamentos de los Datos.

También explica que no son correctas esas comparaciones de muertes por cada 100 mil habitantes, por ejemplo. “Eso es tasa de mortalidad – explicado previamente en la nota -. Esta comparación no es justa para Chile, pues la cadena de contagio no depende de la población de un país y como Chile tiene menos población, sale perjudicado”.

Las comparaciones no nos ayudan pues hacemos un ejercicio que nos muestra cosas diferentes, “compara peras con manzanas”. Recomienda “usar datos para tomar mejores decisiones y tratar con ellos de dimensionar el real alcance de la pandemia en Chile”, concluye.

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