Por Javiera Albornoz

Del 31 de diciembre de 2019 data la primera información oficial entregada a la Organización Mundial de la Salud (OMS) respecto a esta nueva neumonía detectada en Wuhan, China. Con el paso de los días, se identificó y catalagó oficialmente a la enfermedad como COVID-19, la que era provocada por el nuevo virus SARS-CoV-2.

Debido a la propagación y el rápido aumento de los casos en diferentes partes del mundo, la OMS finalmente la declaró comola primera pandemia del siglo 21. A la fecha de publicación de esta nota, más de 19 millones 400 mil personas han contraído la enfermedad a nivel planetario.

A más de 7 meses del primer caso informado, epidemiólogos e investigadores han decidido realizar proyecciones con respecto a lo que podría ocurrir con la  permanencia definitiva del SARS-CoV2 a nivel planetario.

En esa línea y según lo que dado a conocer, el virus llegó para quedarse y lo que ocurra con su impacto dependerá de la inmunidad que se logre obtener. También el conocer cómo la estacionalidad afectará su expansión y finalmente las decisiones de control que adopten los gobiernos en cada país, serán determinantes para que las personas aprendan a convivir con el virus.

“El futuro dependerá en gran medida, a cuándo se reanude la mezcla social y del tipo de prevención que hagamos”, señala el modelador de enfermedades en la Universidad de Hong Kong, Joseph Wu, a Nature.

En ese sentido, la revista científica plantea que la propagación del virus dependerá también del comportamiento de las personas.

El levantamiento de medidas restrictivas, sugiere que el brote inicial está siendo controlado y que la pandemia podría estar disminuyendo, pero el epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard en Boston Massachusetts, Yonatan Grad, dice a Nature que “no es el caso, nos espera un largo camino”.

Comportamiento frente al virus

A través de un análisis publicado en su cuenta de Twitter, el experto en datos Ernesto Laval, compartió 15 gráficos de países que registraron una segunda ola de contagios más intensa que la primera.

Por ejemplo en Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Israel, Macedonia, Japón, Marruecos, Polonia y Rumania se muestran con cifras más altas en este segundo peak. Otros países como España, Holanda, Grecia, República Checa y Bélgica evidencian, tras un freno en su propagación, un aumento sostenido de casos. Pero también otros como Nueva Zelandia, Taiwan, Italia y Corea del Sur, mantienen el freno de los nuevos casos.

En tanto, un equipo del Centro MRC para el Análisis Global de Enfermedades Infecciosas en el Imperial College de Londres, identificó que en 53 países que comenzaron el desconfinamiento, no registran un aumento tan significativo como se predijo en base a datos previos. “Se subestima cuánto ha cambiado el comportamiento de las personas en términos de máscaras, lavado de manos y distanciamiento físico. No se parece en nada a lo que solía ser”, explica a Nature el epidemiólogo del centro y coautor del estudio, Samir Bhatt.

A su vez, investigadores de la Universidad Anhembi Morumbi en Sao Paulo, Brasil, realizaron más de 250 mil modelos matemáticos de estrategias de distanciamiento social descritas como constantes, intermitentes o “reductoras”, con restricciones reducidas en etapas, junto con intervenciones conductuales como usar mascarillas y lavarse las manos.

En ese sentido, concluyeron que si entre el 50% y 65% de las personas son cautelosas en público, entonces eliminar las medidas de  distanciamiento social cada 80 días, ayudaría a prevenir peaks de infección en los próximos dos años. 

“Vamos a necesitar cambiar la cultura de cómo interactuamos con otras persoans”, señala a Nature Osmar Pinto Neto, líder de este análisis.

Respecto a cómo las personas deberán convivir con este virus, la directora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Talca, Erika Retamal, señala a Futuro 360 que es necesario seguir lo que dice la evidencia. En ese sentido, asegura que el lavado de manos es fundamental, pero que se deben propiciar esas medidas.

“Si queremos que la gente se lave las manos, deberíamos tener esa facilidades en la vía pública. Dispensadores de agua y jabón, de manera que esto se concrete. Además, en los lugares de gran afluencia de público como en las ferias púbicas, supermercados, deben ser utilizados dispensadores de alcohol gel”, afirma la especialista.

Erika Retamal también sostiene que se necesitan campañas de educación con pertinencia cultural y con un lenguaje cercano, para que la ciudadanía siga las recomendaciones.

En tanto, la relevante publicación en Nature nos enseña sobre la importancia de el rastreo y vigilancia activa de casos, con el objetivo de evitar rebrotes masivos.

En esa línea la especialista en salud pública, afirma que es fundamental una estrategia de testar a la mayor cantidad de personas posibles, con especial atención a los grupos más expuestos. “Ya deberíamos, en el país, tener testeados a todos los integrantes de la salud, a quienes han permanecido en sus puestos de trabajo y los que también están atendiendo público”, señala la directora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Talca.

Añade que una vez identificado los casos positivos, deben ser aislados tanto ellos como sus contactos estrechos. Para ello se debe conocer resultados de los test lo más rápido posible y que se den facilidades con las licencias médicas, además de propiciar la ayuda económica cuando sea necesario, para que las personas no tengan la necesidad de salir a trabajar.

Respecto a la trazabilidad y asilamientos, un análisis realizado por el Grupo de Trabajo COVID-19, del Centro para el Modelado Matemático de Enfermedades Infecciosas en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (LSHTM por sus siglas en inglés) concluyó que el rastreo de contactos debe ser rápido y extenso (con un rastreo de un 80% de los contactos en pocos días) para controlar un brote.

Evolución del virus

Una de las discusiones que se ha puesto entre los investigadores es respecto a si el virus será endémico o estacional. En ese sentido, el virólogo de la Fundación Ciencia y Vida, Nicolás Muena, señala a Futuro 360 que esto aún no se puede saber con certeza.

“Es muy temprano, porque nos falta información de la respuesta inmune de los pacientes. Entonces mientras no sepamos cuánto es la duración del sistema inmune asociado, por ejemplo, a anticuerpos y a linfocitos de memoria, no podemos saber por cuánto tiempo la población va a estar protegida frente a una infección y tampoco frente a una vacunación”, señala el especialista.

Respecto a los cambios de temporada y la propagación que se da del virus, el citado artículo de Nature plantea que en las áreas que se enfriarán en la segunda mitad de este año, es probable que haya un aumento en la transmisión. Con ello agregan que la evidencia sugiere que el aire seco en el invierno mejora la estabilidad y transmisión de los virus respiratorios y la defensa inmunológica del tracto respiratorio podría verse afectada por la inhalación de ese aire.

A ello suman que donde se registren climas más fríos, es más probable que las personas se queden en interiores en donde la transmisión del virus es mayor. En ese sentido, señalan que los brotes podrían llegar en oleadas cada invierno. 

Si bien existe el anhelo de poner fin a la pandemia, pero para que eso ocurra el virus debe eliminarse en todo el mundo, algo que expertos consideran prácticamente imposible. Pero sí puede existir suficiente inmunidad, a través de la propia infección o de una vacuna. En ese aspecto, señalan que, dependiendo el país, entre el 55% y 88% de la población debe ser inmune. 

“Para lograr esa inmunización, debemos esperar que la población efectivamente acceda a vacunarse, que las campañas logren su cometido. En el caso de que las vacunas sean exitosas y la inmunidad dure 2 a 3 años, podríamos tener algunos brotes hacia 2024“, explica Nicolás Muena.

Pero eso considerando sólo si llega efectivamente una vacuna. También es relevante la inmunidad que puedan generar aquellos enfermos que se recuperen de COVID-19. Pero aún no se tienen estudios y resultados concretos con respecto al nivel de inmunidad que logran las personas y cuánto duraría esta. Por ejemplo, un estudio de pacientes recuperados concluyó que los anticuerpos neutralizantes, persistían hasta 40 días después del inicio de la infección. Otros, en cambio, sugieren que los niveles de anticuerpos disminuyen tras semanas o meses.

Por otra parte, recién se conoce información y se realizan estudios sobre la protección inmunológica que se generaría por los linfocitos B y T de memoria, que también defienden el cuerpo en una posible reinfección del virus.

El SARS-CoV2, y como es común en el comportamiento de los virus, está mutando. En ese sentido, se ha conocido una mutación puntual en un sitio de la proteína Spike del virus. Se trata de la variante D614G, que mutó de un aminoácido a otro y eso, según explica Muena, favoreció la capacidad infecciosa del virus. Agrega que una de las hipótesis, es que el virus tendría más cantidad de proteínas Spike en su superficie, generándose así una mayor facilidad para entrar a las células de nuestro organismo.

“Sin embargo, si evaluamos anticuerpos que fueron producidos en pacientes infectados con la variante original de Wuhan y que su sistema inmune respondió frente al primer virus – el que no tenía esta mutación-, y lo probamos para neutralizar el virus nuevo con la mutación, estos anticuerpos son igualmente capaces de neutralizar este virus”, señala el virólogo.

En ese aspecto, el experto explica que podrían ocurrir cambios a futuro, pero no a corto plazo. A ellos afirma que en el peor de los escenarios, pero que no considera que sea tan probable, es que el virus tenga una mutación tan grande, que provoque que la proteína Spike deje de ser reconocida por los anticuerpos originales, que se produjeron en respuesta a las primeras infecciones de SARS-CoV2.

Según plantean en Nature, debido a la gran cantidad de investigaciones y el esfuerzo económico que también se está dando hacia esto, es poco probable que nunca haya una vacuna. Pero también sostienen que, y como se ha visto hasta ahora, el virus afectará de manera dispar a los países en las siguientes etapas posteriores de esta epidemia.

Frente a eso, la experta en salud pública, Erika Retamal, sostiene que tendremos que acostumbrarnos a vivir con el virus y a los cambios culturales en el diario vivir y en el ámbito laboral. Pero también a nuevas formas de localización, como sistemas de georreferencias para ver contactos y movilidad de las personas, la telemedicina, registro electrónico de salud y aplicaciones de monitoreo.

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