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El sol da vida y luz a los frutos, sin embargo, la crisis climática que nos afecta ha cambiado esta situación. El sol, ahora, se convirtió en un potencial enemigo.

“El alza de la temperatura afecta la baja de los rendimientos y, por otro lado, la calidad de las frutas”, explica Karen Sagredo, académica del departamento de Producción Agrícola de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile.

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Los factores son varios y tienen un efecto en cadena. Todo comienza con la falta de agua derivada de una prolongada sequía. El alza de la temperatura ha generado una sequía a nivel atmosférico que ha provocado que las plantas demanden más agua. ¿El problema? este recurso está cada vez más escaso.

La intensa radiación solar se suma a la crisis. “Con las temperaturas altas todos los fenómenos biológicos ocurren más rápido, por lo que se acortan sus fases. Eso podría tener una consecuencia negativa en su desarrollo y en lograr la calidad de la fruta, afectando particularmente su tamaño. Tenemos el ciclo productivo que está afectado como tal y, por otro lado, en el desarrollo de la planta que conlleva el desarrollo de la fruta”, asegura Sagredo.

Seguramente ya lo has notado. Cítricos, manzanas, uvas y duraznos son los más afectados. “La guinda también se ha visto afectada. No han llegado muchas, se han secado los árboles. Por ejemplo, el año pasado nos llegaban 80 cajas de guindas y hoy están llegando 6 cajas”, cuenta un trabajador de la Vega Central.

Las temperaturas extremas afectan la fisonomía, el sabor e, incluso, la textura de las frutas. Una fruta está sana acorde al clima en el que se desarrolla normalmente, pero la situación cambia con uno o dos grados más por sobre la media habitual en un ciclo constante. El calor afecta la forma en que crecen los frutos, sin embargo, también favorece la aparición de plagas y también algunas enfermedades.

Las plagas también se reproducen y tienen sus ciclos biológicos muy marcados por las temperaturas. Si las temperaturas persisten cálidas por más tiempo, las plagas pueden alcanzar una tercera generación”, comenta Karen Sagredo.

El cambio climático está obligando, además, a que los cultivos frutícolas se desplacen al sur del país. La crítica es al modelo productivo que retroalimenta al fenómeno.

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Lo que estamos haciendo no es sustentable, no es sostenible, y vemos los efectos climáticos ahora. Tenemos que transformar la agricultura a una agricultura regenerativa donde el suelo sea una gran reservorio de carbono, un gran reservorio de vida”.

Evitar los productos importados, preferir las frutas de temporada, la agricultura local y aquellos cultivos que no utilizan agroquímicos, son las mejores formas de ayudar a mantener a salvo este tipo de productos de los que tanto disfrutamos.

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