Por José Ferrada
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¿Cómo planean hacer esto? A través de diferentes boyas inteligentes que medirán las condiciones marinas para determinar la ubicación de los cetáceos en las proximidades de diferentes tipos de navíos.

Si bien la caza de ballenas se ha reducido considerablemente, siguen en peligro por responsabilidad de los barcos. El sonido que emiten las naves está generalmente en la misma frecuencia que la de los cetáceos, lo que altera sus comunicaciones y les dificulta cambiar su ruta antes de un accidente.

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Para proteger a los cetáceos es que el gobierno y la Fundación Meri de Filantropía Cortés Solari desarrollaron el proyecto Blue Boat Initiative: un avanzado sistema de alerta temprana que, a través de la más completa tecnología, alertará a las naves para evitar este tipo de colisiones.

Las primeras 6 boyas de una red, que se espera comprenda varias docenas, se instalarán en torno a la isla de Chiloé y al golfo de Corcovado a final de 2020 o a inicio de 2021, dependiendo de cómo avance la pandemia.

A las boyas del proyecto Blue Boat Initiative las llamamos inteligentes porque constan de diferentes tipos. Una parte es el equipo acústico, similar a un micrófono submarino que será capaz de detectar los diferentes sonidos del océano, acoplado a un software de alta tecnología que puede diferenciar un gran número de especies de ballenas”, explicó Sonia Español-Jiménez, encargada de la iniciativa, a Futuro 360.

“Una vez se detecten las ballenas, el aparato emitirá una alerta satelital que entregará la información a través de internet a una central en tierra, de la cual se avisará a las embarcaciones que están presentes en la zona de la existencia de un cetáceo en sus alrededores para que puedan tomar medidas preventivas, con el fin de reducir al máximo el riesgo de colisión con éstos mamíferos subacuáticos”, agregó Español-Jiménez.

La experta explica que las boyas no son sólo inteligentes por esa capacidad, sino también porque estos aparatos tienen sensores oceanográficos de temperatura, ph, nutrientes y oxígeno con los cuales se puede monitorear el estado de salud de los océanos. Lo que  permitiría a los científicos realizar un seguimiento de las condiciones de los mares y vigilar el avance del calentamiento global. “Las boyas unen el cuidado por las ballenas y con la preocupación por el estado de los océanos, lo que se transformaría en la primera iniciativa de este tipo en latinoamérica, liderada por Chile, y con tecnología europea”, agregó la especialista.

Según la Comisión Ballenera Internacional entre 2007 y 2016 más de 1200 ballenas murieron debido a colisiones con barcos. Si bien es difícil monitorear ésta situación en Chile, existen estudios que aún no han sido publicados que aseguran que desde 2017 han  muerto 8 ballenas por choques con navíos.

“Esto es un esfuerzo de conservación marina, pero también de potenciar la relevante contribución del mar al combate del cambio climático. La conservación y el manejo sustentable de nuestro océano y su biodiversidad es fundamental para mantener sus ecosistemas únicos, algunos fundamentales para contribuir a mitigar el cambio climático a través de la absorción de calor y la captura de carbono o blue carbon”, declaró al respecto la ministra de Medio Ambiente, Carolina Schmidt a El Mercurio.

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El economista del FMI, Ralph Chami, calculó que una ballena a lo largo de su vida captura 33 toneladas de CO2 oceánico, lo que equivale a 1.500 la capacidad de absorción de material contaminante que tiene un árbol. Es por esto, que la pérdida de un ejemplar se traduce en una pérdida de 2 millones de dólares en esfuerzos de preservación, lo que hace imperativo cuidar a estos majestuosos mamíferos marinos.

Esta iniciativa pone a Chile a la cabeza de los países latinoamericanos, en esfuerzos de comprensión y preservación de la vida marina, además de acercarnos cada vez más a provocar un real impacto al momento de frenar las consecuencias del cambio climático.

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