Por Daniel Vercelli Baladrón

La minería es hoy una industria fundamental como fuente de ingresos para el país. Según cifras de Cochilco, se estima alcanzar una producción de cobre de 6,43 millones de toneladas al año 2034, a una tasa de crecimiento promedio de 1,7%, con un peak en 2030 de 6,87 millones de toneladas.

Pero al mismo tiempo, se trata de una industria intensiva en el uso del agua, y si consideramos el actual escenario de crisis climática y la sequía que se vive en distintas zonas geográficas, la situación se vuelve, por lo menos, desafiante. Además, es un hecho que las principales mineras están ubicadas en la zona centro norte del país, – una de las zonas más áridas del mundo – por lo que el abastecimiento hídrico es una preocupación importante dentro de la industria local.

Por eso, en los últimos años cuidar el agua se ha vuelto un imperativo para minimizar el impacto ambiental, con varias iniciativas que apuntan a este objetivo, entre ellas, la creación de sistemas de reciclaje y reutilización, una mejora en la eficiencia mediante tecnologías que optimizan su uso, una adecuada gestión de las aguas residuales de la propia operación minera para cumplir con los estándares ambientales o el monitoreo permanente de fuentes hídricas cercanas.

La última edición de la COP 28 en Dubai también abordó, entre sus múltiples contenidos, el rol de la minería sostenible en la transición hacia las energías limpias. Por un lado es – como ya dijimos -, un sector que genera empleos y oportunidades económicas contribuyendo al desarrollo local y regional. Pero además, la minería impulsa la innovación y el desarrollo tecnológico, proporciona minerales esenciales para la producción de los componentes de las energías verdes (paneles solares, baterías, turbinas, por mencionar algunos) y suele invertir en infraestructura que mejora la calidad de vida de las comunidades donde opera.

¿No es lógico pensar entonces que, si este sector tiene un rol relevante en la ruta hacia la descarbonización, sus procesos productivos también deben estar 100% alineados para contar con un círculo virtuoso desde el comienzo?

Implementar prácticas de gestión del agua sostenibles y adoptar métodos eficientes que abarquen desde la extracción hasta el procesamiento y la eliminación de desechos, puede ayudar a que la preocupación se convierta en acciones concretas, se reduzcan los riesgos y las operaciones mineras se vean beneficiadas con un funcionamiento rentable y al mismo tiempo, responsable con el entorno. Más en detalle, avanzar en recuperación de aguas, automatización y mejora de la gestión y control operativo de algunos procesos mediante el uso de tecnología y sensores, junto a otras medidas de este tipo, permitirían acelerar el avance en índices de productividad en el uso de este recurso, disminuyendo la cantidad de agua usada por tonelada de mineral extraído.

Aplicar innovación y un enfoque sustentable es el gran desafío que tienen todas las industrias, y la minera no escapa a esa realidad, sobre todo considerando que en nuestro país en muchos ámbitos la minería es un referente y un motor de desarrollo. Avanzar en un uso cada vez más eficiente en materias como el agua hará que su valor en la sociedad y economía chilena no se vea empañado por las consecuencias negativas en el ecosistema y en cambio, se convierta en un aporte y en un referente también en este frente.

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