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Fue llamada la COP de las lágrimas. El evento mundial que había prometido buscar salidas y consensos ante la crisis climática no tuvo los resultados esperados. Un mal manejo de la presidencia chilena, fue indicado como el principal conflicto.

La alerta fue inmediata. Casi cuatro apocalípticos grados podría alcanzar el planeta para finales de este siglo. Ese fue el dato que abrió esta COP25, pero no era algo nuevo. Tres meses antes, en Nueva York, el Secretario General de la ONU ya lo había advertido. Por lo mismo, la esperanza estaba puesta en Madrid para que la ambición climática se impusiera, pero como sabemos, la historia fue distinta.

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El mayor problema que tenemos es la oposición entre los interese económicos de las grandes petroleras y los intereses de los países que están luchando por el desarrollo sostenible y el cuidado del medio ambiente”, explica Jaime Hurtubia, ex Director de Conservación de Biodiversidad y Ecosistemas de la ONU.

Había algo que no dejaba ver las advertencias de la ciencia, escuchar el grito desesperado de miles de jóvenes liderados por Greta Thunberg y, más grave, no reconocer que más del 57% del nocivo CO2 es de ellos. El bloque de las potencias no dio su brazo a torcer y dijo “NO” frente a la tarea de reducir sus gases. Ahí vino la primera crítica a la presidencia chilena.

“La presidencia chilena tenía un solo trabajo, proteger la integridad del Acuerdo de París, y no permitir que el cinismo y la avaricia lo entierren. Ahora están fallando”, se dijo por el mal manejo chileno.

Y según expertos, Chile tampoco habría dado muestras de neutralidad. Las negativas y protestas ante el primer borrador presentado por nuestro país no se hicieron esperar. La COP 25 estaba con la soga al cuello, terminaba su plazo oficial y el informe presentado no convencía. Al contrario, fue blanco de severas críticas, sobre todo, por no ser capaz de cerrar el polémico Artículo 6, aquel que habla de los mercados de carbono.

Porque yo no contamino, el gobierno super industrializado de China va a tener posibilidades de comprarme mis bonos de carbono, y pagarme a mí para compensar su propia sobre contaminación”, dice Jaime Hurtubia para explicar el funcionamiento del mercado de carbono.

Se trata de dineros que permitirían a los países más pobres mitigar y adaptarse a los efectos del cambio climático. Sin embargo, la conducción para estas negociaciones estuvo en jaque, y finalmente tuvo que ser Teresa Ribera, ministra española, la pieza clave para lograr abrochar un documento final, tardando seis horas en hacer lo que la delegación nacional no pudo hacer en los días de tiempo extra que tuvo la cita mundial.

Ella lo pudo hacer con el conocimiento que tenía de veinte acumulados y con haber conocido a personas de distintas delegaciones desde hace 15 años”, comenta Jaime Hurtubia.

Una oportunidad desaprovechada que eleva los desafíos para el mañana y nos aleja de cumplir con la meta del Acuerdo de París. “Yo creo que en este momento es urgente tomar compromisos y una ambición que ya no es sugerir 1, 5 grados, es una necesidad. Principalmente lo estamos viendo es nuestro país con el tema del agua, la mega sequía y la pérdida de glaciares”, asegura Humberto González, miembro de la Mesa Antártica de la COP 25.

El gobierno dice haber cumplido con siete de los ocho objetivos bajo su gestión, dentro de los que destaca el cuidado de los océanos, un plan de género para revertir la desigualdad entre hombres y mujeres al momento de decidir, y la inclusión de la ciencia. Sin embargo, quienes estuvieron presente en la cita española dicen que aún hay que hacer más, por ejemplo, un foro climático permanente.

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“Lo importante ahora es cómo llegar a los que más emiten de alguna forma a nivel global, y convencerlos de que sí tienen que tener más compromiso”, comenta Humberto González.

Durante 2018 el mundo consumió dos veces más energía de lo que necesitó en 2010. Y, siguiendo con la tónica de los últimos tres años, el carbón, el petróleo y el gas, suplieron la necesidad de más del 70% del mercado global. La COP era una oportunidad de cambiar estos números, pero pasó de la esperanza a ser llamada internacionalmente como la “COP de las lágrimas”.

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