La vigésimo quinta edición de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas (ONU) sobre el Cambio Climático, COP25, partió con un cambio de sede de última hora y se desarrolló entre controversias y reclamos de un verdadero compromiso de acciones concretas de las parte.

La ministra de Medio Ambiente, Carolina Schmidt, está al frente de la presidencia de la COP25 hasta diciembre de 2020, y encabezó la cumbre que se celebró en Madrid del 2 al 13 de diciembre, con dos jornadas extra para cerrar acuerdos que no se lograron durante la cumbre.

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El primer revés fue el cambio de sede, debido al estallido social en el país a mediados de octubre, el Gobierno se vio obligado a cambiar la sede a pocas semanas de la fecha, por lo que la COP25 se mudó de Chile a España.

Tiempo de actuar” fue el eslogan del evento, pero las críticas de organizaciones sociales y defensoras del medioambiente, reclaman justamente o contrario: los países y líderes mundiales no están actuando realmente.

La COP25 partió el lunes 2 de diciembre con una promesa de mayor ambición de las partes miembro del convenio climático de la ONU. Pero las delegaciones asistentes pedían acciones, no promesas.

La primera semana transcurrió con cierta normalidad y con mucha expectativa sobre los acuerdos que se podrían lograr antes de terminar la COP25. En especial, el controversial artículo 6 del Acuerdo de París, que regula los mercados de carbono.

La llegada de la joven activista sueca, Greta Thunberg, marcó el cierre de la primera semana y calentó los ánimos en una COP25 que ya empezaba a levantar sospechas sobre su efectividad.

La adolescente acaparó la atención y sostuvo reuniones activistas, jóvenes y representantes de organismos. Resaltó su encuentro con la ex presidenta Michelle Bachelet con quien habló en privado sobre medioambiente y derechos humanos. Pero Thunberg no se reunión con Schmidt.

Durante la última semana del cumbre climática, el gobierno de Chile se esforzó por hacer anuncios importantes como el cierre anticipado de cuatro centrales de carbono, un proyecto de ley ambiental y la promesa de lograr que el 70% de la energía usada en el país se totalmente renovable a partir de 2030.

Pese a los anuncios, las críticas se intensificaban, el liderazgo de Chile representado por la ministra Schmidt fue duramente cuestionado. El potente discurso de Thunberg volvía a señalar con el dedo a los líderes mundiales por no tomar medidas significativas para evitar que el planeta se siga calentando.

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Dos días antes de culminar el encuentro, activistas por el medio ambiente, quienes sorpresivamente desplegaron pancartas ante la atónita mirada de una sobrepasada seguridad. Estefanie González de Green Peace Chile valoró la protesta como la forma de llamar la atención dad la inacción de los países ante el cambio climático.

La clausura oficial el viernes 13, incluyó el anuncio de dos jornadas extra para intentar llegar a un acuerdo en puntos claves como los mercados de carbono.

La ministra Schmidt enfrentó no pocos momentos duros a lo largo de las dos semanas que duró la COP25, y los dos días adicionales sumaron aún más tensiones.

“La presidencia chilena tenía un solo trabajo, proteger la integridad del Acuerdo de París, y no permitir que sea desgarrado por el cinismo y la codicia. El enfoque que la presidencia ha tomado muestra cómo ha escuchado a los contaminadores y no a la gente“, fueron las duras palabras de la directora ejecutiva de Greenpeace Internacional, Jennifer Morgan, el sábado en la primera jornada extra de la COP25.

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Esa extensión de la COP25 este fin de semana, trajo también complicaciones logísticas, pues algunas delegaciones y negociadores no pudieron estar presentes en las jornadas añadidas debido a que sus vuelos estaban programados. Nadie anticipó que los 11 días de la COP25 se convertirían en 13. La ausencia de algunas delegaciones de estas discusiones también fue cuestionada como un fallo de la presidencia de la cumbre.

Pero quizás el momento más incómodo que debió enfrentar la ministra fue al cerrar la cumbre. Schmidt leyó en inglés una petición para los delegados presentes en el acto de clausura, y les pidió que cargaran o enviaran electrónicamente sus propuestas, a lo que el auditorio le respondió en coro: “no”. Con una sonrisa nerviosa la ministra no supo qué hacer y guardó silencio por varios segundos.

Tras extensas negociaciones, las partes firmaron un documento denominado “Chile-Madrid, tiempo de actuar”, el cual no dejó contentos a varios lideres mundiales y tampoco a la propia presidenta de la COP25. “No estamos satisfechos, los acuerdos no son suficientes para enfrentar con urgencia la crisis del cambio climático“, dijo Schmidt sobre lo acordado en la cumbre climática.

El artículo 6 del Acuerdo de París era uno de los temas centrales del COP25 sobre el cual las partes debían llegar a un acuerdo para regular los bonos de carbono. Era también una prioridad para Chile pero la cumbre cerró sin un consenso, un revés para el país y para el liderazgo de la ministra de Medio Ambiente como facilitadora del evento.

 

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