Por Constanza Cabrera

Donna Haraway dice que para sobrevivir en la Tierra “hay que contar historias“. La filósofa, bióloga y ecofeminista estadounidense ha tejido, a lo largo de los años, un pensamiento rupturista frente a Antropoceno y la manera en que las sociedades deben enfrentar la crisis climática.

¿De cuántos modos distintos heredamos en nuestras carnes la turbulenta historia del capitalismo moderno? Se pregunta la autora del Manifiesto Cyborg (1984), conocida por sus trabajos en los años 80′ sobre género, identidad y tecnología.

Haraway despliega en sus libros, un universo rebelde y poblado de bichos y especies por doquier. Su trabajo presta especial atención a la intersección de la biología con la cultura y la política. Doctorada en Biología por la Universidad de Yale en 1972, escribe y ha dirigido más de sesenta tesis, participando de manera activa en el Science and Justice Research Center y el Center for Creative Ecologies de la Universidad de California.

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(Eco) feminismo cyborg

Dada su formación científica, lo ecológico siempre ha sido su interés principal. Su propuesta “cyborg” incorpora las las nuevas tecnologías. Araiza (2020) sugiere que “su praxis teórica constituye un desmontaje del moderno pensamiento binario” y “los seres de distinta especie son coevolutivos y coconstructivos“.

“Excavar el presente, entender la tecnocultura, los lugares de contacto orgánico-tecnológicos”, dijo Donna a Infobae en 2019. Pensar es un acto político.


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Conocimiento situado y colaborativo

La construcción del conocimiento y el impacto social que este tiene en la sociedad, es parte importante de la obra de Haraway.  Para la profesora emérita, no existe un conocimiento absoluto (y objetivo) en sí.  Al parecer no se podría observar el mundo desde todas las posiciones ¿o tú sí?

La localización es lo situado y la perspectiva parcial. Solo es posible ver la realidad desde un lugar un contexto determinado. La suma de todas esas visiones parciales darían origen, en cierto modo, a la “objetividad”.

(Re) Invención de la naturaleza

En la actualidad, los seres humanos suelen posicionarse ajenos a la naturaleza, pieza de nuestra existencia que sería un “otro” y recurso de explotación.  Una separación que ha puesto en riesgo los ecosistemas y sus vínculos.

Me rehúso a hablar de naturaleza y cultura como categorías separadas. Insisto en hablar del entrelazamiento del vivir y morir con nosotros, y de que no todos nosotros somos humanos. Y también en que vivir y morir con nosotros no sólo implica justicia, sino también cuidados. Pensándolo bien, la justicia no es suficiente. Porque puede ser demasiado severa. Es necesario tener un corazón cuando hablamos sobre la crisis climática y la justicia ambiental. Y eso implica oponerse a las supuestas separaciones entre naturaleza y cultura”, expresó en una entrevista concedida a Arquiene en 2020.

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