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La conversación urgente sobre medioambiente obliga a voltear la mirada hacia uno de los innegables problemas que enfrenta hoy la humanidad. Lograr la armonía con el entorno natural parece ser un desafío que sobrepasó la capacidad humana por su propia acción. Pero, la carrera es contrarreloj, ya no queda tiempo para ignorar los estragos del calentamiento global y el consecuente cambio climático que ya es crisis.

Para profundizar sobre este tema y explorar una mirada más amplia, Paloma Ávila conversó con Eduard Müller, rector de la Universidad para la Cooperación Internacional (UCI) de Costa Rica, que fundó en 1994 con el objetivo de formar personas para implementar desarrollo sostenible en las áreas de ambiente, sociedad y economía. “La fundé hace 26 años ya, para formar gente para implementar sostenibilidad, en desarrollo sostenible, que era ambiente, sociedad y economía. Hoy, es la primera universidad a nivel mundial en estar dirigida hacia el desarrollo regenerativo”.

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El modelo académico de la UCI es innovador, está dirigida hacia el desarrollo regenerativo e incorpora cultura, política y espiritualidad, en aproximaciones holísticas que permitan generar soluciones reales para regenerar el planeta, no solo en materia ambiental, sino desde una perspectiva que involucre más las actividades propias del ser humano.

Bajo esta premisa, Müller analizó la situación actual de la humanidad respecto al grave estado del medioambiente. Como un visionario, hace más de un cuarto de siglo ya lo veía venir, convencido de que los temas más complejos, como la pobreza y el cambio climático,  no se resuelven desde las disciplinas individuales ni desde el modelo reduccionista que, a su juicio, predominaba en la academia, la institucionalidad y la ciencia.

Tener un ministerio de agricultura y un ministerio de ambiente con políticas contrarias, no va a resolver el tema ambiental. Y el tema ambiental no se resuelve plantando árboles, el tema ambiental se resuelve desde la política pública y desde la sociedad civil. Entonces, tenemos que trabajar desde la espiritualidad que es donde la gente puede cambiar”, dijo.

Parte de la propuesta disruptiva de este académico radica en que las soluciones deben abordarse desde la espiritualidad, entendida como valores y ética, porque considera que es desde donde la gente puede cambiar.

La filosofía de trabajo de Müller comienza por desaprender, asegura que hay que erradicar aquello que enseñan desde las primeras etapas de la educación formal porque, desde la sala cuna enseñan a los niños a competir y prevalece hasta la enseñanza universitaria. “El primer requisito es desaprender. Tienes que estar dispuesto a desaprender todo lo malo que te enseñaron desde el kinder. En el kinder nos enseñaron a competir, en la universidad nos enseñaron a que el que más compite y más sabe es el mejor. Eso no es cierto, el mejor hoy es el que logra colectivizar un movimiento (…) Luego, generar diversidad local”, sostuvo.

El fundador de la UCI plantea que el mejor, hoy en día, no es el que más compite sino el que logra colectivizar un movimiento y que, además, lo hace sobre territorios, unos que deben garantizar la vida, tanto la humana como la biodiversidad. “Sacando todas las plantas exóticas de su jardín, incluyendo las rosas y poniendo plantas nativas. En vez de tirar la basura orgánica al basurero o a un relleno sanitario, pueden hacer compostaje, que lo pueden hacer desde el municipio o en su casa, aunque sea un departamento. Ese compost lo pueden integrar en el suelo”, dijo sobre cómo la sociedad puede incorporarse al desarrollo regenerativo.

En este sentido, criticó que en ciudades como Santiago se utilicen plantas, arbustos y árboles no nativos en una época en la que el país atraviesa la peor sequía de la historia. Frente a esto, su solución es la diversidad local con especies nativas que permitan que los insectos y polinizadores autóconos viva.

La privatización del agua en Chile también fue analizada por el experto ya  criticó los sectores políticos y económicos que no permiten que se avance hacia el acceso público al recurso hídrico. “¡Estamos enfrentando cambios absurdos! En Australia se produjeron 400 millones de toneladas de carbono por los incendios, y Australia emite 580 millones de toneladas al año. Se perdieron mil millones de animales en unas pocas semanas. Chile está a puertas de eso, ustedes ya tuvieron los incendios en 2017. Pero siguen plantando plantas exóticas como el pino y los monocultivos, esos desiertos verdes, eso se incendia con gran facilidad ¡Y ya tienen sequía! y tienen varios senadores que se niegan a reconocer que el agua es de valor universal, y políticos y presidentes que dicen que hay que privatizar el agua. La economía tiene que entender que a nosotros no nos toca cuidar a la naturaleza, lo que hay que entender es que sin la naturaleza no hay economía, no hay negocios, y no hay humanos tampoco. Y estamos a puertas de la extinción planetaria mejor documentada científicamente”.

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Habló sobre algunos de sus programas de formación a distancia, para facilitar el acceso de más personas y también para reducir la huella de carbono que se deja al viajar. Uno de estos cursos es el de emprendedor regenerativo, que incluye conferencistas de múltiples disciplinas, con jóvenes que hablan sobre reserva de biósfera junto a chamanes que abordan lo espiritual.

La ética, la responsabilidad y la transparencia, son los valores que Müller considera que deben ser prioritarios en Chile, además de no poner los intereses empresariales por encima de las personas. A su juicio, hay que dejar la visión a corto plazo de la billetera.

Lo que Chile tiene que hacer es mirar hacia el futuro, no tratar de resolver los problemas actuales. Hay que pensar en un país de bienestar, el bienestar lo van a querer tanto la gente de Las Condes como la gente de la comuna más pobre. Siempre todo el mundo quiere bienestar. Lo importante es cómo cada uno construye desde su ámbito ese bienestar al futuro. Ahí van a empezar a entrelazarse las iniciativas. Si creamos un mejor sistema, y la gente va a migrar hacia ese mejor sistema“, concluyó.

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