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Una nueva tendencia se está instalando entre las familias, pero también en comunidades que han decidido cultivar huertos de campo. Tomates cherry, albahaca y melones, son algunos de los cultivos que cosechan con la finalidad de ahorrar en el presupuesto mensual familiar.

Los cultivos en la ciudad son una muestra de que la agricultura urbana se puede implementar incluso en lugares tan pequeños como la terraza de un departamento, pero que además trae beneficios insospechados para la autoestima y la disminución del estrés.

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Los denominados huertos urbanos se han instalado y ya son una tendencia creciente en Chile. Uno de los que se encuentra en el centro de Santiago, en el barrio Yungay.

Es una junta de vecinos que nace hace siete años, porque muchos vecinos querían un lugar donde hacer cosas sustentables y poder cultivar alimentos propios y naturales. Y este patio de la sede se ha convertido en nuestro huerto”, dice Isabel Cayul, vecina del Ecobarrio Patrimonial Yungay.

De esta manera, algunos vecinos han devuelto el campo a la ciudad y han encontrado la fórmula no solo de abaratar sus gastos en alimentos, sino también de reducir sus huellas de carbono y se han reencontrado con el sentido de vivir en comunidad.

 

Acá los vecinos vienen los fines de semana a trabajar en el huerto y cuando es tiempo de cosecha, se comparten los frutos. Cuando hemos tenido una sobreproducción, los vendemos a los vecinos de la comuna a un precio más accesible que el de la feria o el supermercado”, explica Mireya Muñoz, vecina del barrio Yungay.

Según un estudio, realizado por la Universidad de East Anglia del Reino Unido -que involucró a 290 millones de personas de 20 países- los espacios verdes reducen el estrés y la fatiga mental; disminuyen la irritabilidad; aumentan la autoestima y el autocontrol, promueven la duración del sueño y mejoran la capacidad de concentración.

Esta es una tendencia proveniente de Vancouver, Canadá, donde hace más de tres décadas, y luego de un explosivo crecimiento inmobiliario, desarrollaron distintas estrategias para aumentar los jardines comunitarios. Es que estar cerca de la naturaleza, aunque sea a una mínima escala, proporciona múltiples beneficios que han motivado esta nueva tendencia, también en nuestro país.

“Es muy necesario este trabajo, reconectarse con uno mismo, bajar el ritmo de lo que significa vivir en la ciudad; salir del encierro y ganarle terreno al cemento que nos viene aplastando. En cualquier patio de una casa o un balcón de un departamento se puede tener un huerto con algunas verduras“, dice Mireya Muñoz, vecina del Ecobarrio Patrimonial Yungay.

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Para el ingeniero agrónomo, Claudio Ortiz, esto “es un efecto que une a la persona con la raíces. Nosotros no somos cemento, somos un ecosistema donde hay plantas, animales, microorganismos, luz, sol y los huertos urbanos hacen que las personas tomen mayor conciencia y cuiden más el ecosistema”.

Y aunque no se logre el alimento del mes, el ahorro es significativo, según el Centro de Investigación y Transferencia en Riego y Agroclimatología de la Universidad de Talca. Tener un huerto urbano en casa podría significar disminuir los gastos mensuales entre $40 mil y $100 mil.

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