Por Patricio Alarcón

(Foto: ©Dirk Shories) – A pesar de ser poco conocidas, las lapas antárticas Nacella concinna cumplen un rol fundamental en los ecosistemas marinos del continente blanco.

Para encontrar a este tipo de molusco, se debe mirar en la zona costera inter y submareal de la península Antártica, es decir, en la parte rocosa donde sube y baja la marea o hasta los 15 metros de profundidad. En ese sentido, es común verlas, por ejemplo, en la Isla Rey Jorge.

Otra característica es que viven en altas densidades. O sea, se pueden agrupar en hasta 100 individuos por metro cuadrado. Esto convierte a las lapas antárticas en un eslabón fundamental de las cadenas tróficas (alimentarias).

“Cualquier efecto negativo que ocurra sobre esta especie no solo la va a afectar a ella, si no que también va a repercutir en toda la comunidad, en el sentido que va a modificar la estructura”, nos explica Jorge Navarro, del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) de la U. Austral.

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Pero, ¡alerta! Porque toda su función en el ecosistema está en riesgo y corre peligro de desaparecer: El responsable de esta amenaza es -como en tantas otras ocasiones- el calentamiento global ocasionado por el hombre.

Navarro lideró un estudio para evaluar las respuesta de las Nacella concinna frente a condiciones ambientales cambiantes. El resultado proyectó que las lapas antárticas podrían reducir drásticamente su población o, en el peor de los casos, no sobrevivir, debido al aumento de temperaturas.

Cabe destacar que el trabajo contó con la colaboración del IDEAL, el Laboratorio Costero Laredo de la U. de Magallanes y el British Antarctic Survey (BAS, Reino Unido). Sus resultados fueron recientemente publicados en la revista científica Science of the Total Enviroment.

El estudio

El grupo de investigadores se trasladó al continente blanco para recolectar una cantidad de ejemplares adultos de lapas. Posteriormente, los moluscos fueron trasladados a un laboratorio de Punta Arenas.

Ahí, fueron expuestas a un periodo de aclimatación gradual, con la intención de saber qué ocurriría con los animales bajo las condiciones que se espera genere el cambio climático en un futuro, en cuanto a temperaturas y salinidad.

Para esto, durante 60 días experimentaron los que sería para las lapas vivir entre los 1°C y 4°C. También probaron con distintas salinidades (20 y 30 psu) y otras temperaturas (8°, 11° y 14°). Esto último, para ver la potencialidad de la especie para trasladarse a otras zonas (como Magallanes).

Lo que se encontró es que es una especie altamente etanoica: sobrevive solo dentro de un estrecho rango de fluctuaciones de condiciones ambientales.

En otras palabras, son poco tolerantes a los cambios y poseen capacidad limitada de supervivencia a temperaturas superiores a 4°C, donde se observó un drástico aumento de mortalidad (más del 50%).

Y ese es justamente el mayor problema. Se espera que las temperaturas alcancen esa cifra en la zona del estudio para finales de siglo, por lo que se prevé una disminución significativa de la población submareal, afectando la diversidad de la red alimentaria.

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Para Navarro, una posible vía de salvación sería “que estas especies puedan ser capaces de adaptarse, ser capaz de ir evolucionando“.

“De todos modos, existe la potencialidad de que esta especie pudiera migrar. Tiene una larva pelágica, gracias a su tipo de reproducción. Si estas larvas migran y llegan a lugares donde la temperatura sea menor, es probable que la población se mueva. Lo que sí podría ocurrir es un efecto en la estructura comunitaria”, cierra el académico.

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