Por primera vez, dos naves espaciales y una tercera en la mira, rastrearán el dióxido de carbono en todo el mundo. Desde el espacio, estas plataformas entregarán información útil, para que los países evalúen la escala de sus emisiones de efecto invernadero. El objetivo es lanzar las naves espaciales de OHB en 2025, para que en 2028, exista un inventario internacional sobre este gas contaminante.

Recordemos que, según el acuerdo climático de París, los países deben elaborar registros de CO2. La misión que ha sido denominada como CO2M, llevará un espectrómetro de infrarrojo cercano e infrarrojo de onda corta, para medir el dióxido de carbono atmosférico producido por la actividad humana. Estas mediciones, reducirían la incertidumbre de las estimaciones actuales a escalas nacionales y regionales.

La CO2M está incluida en el programa de observación de la Tierra de Copérnico, de la Unión Europea. Este, ha sido definido como “diseñado para proporcionar información precisa, actualizada y de fácil acceso para mejorar la gestión del medio ambiente, comprender y mitigar los efectos del cambio climático y garantizar la seguridad ciudadana”.

El programa de Copérnico, posiciona en el espacio una serie de sensores satelitales llamados Sentinelas. Estos se encargan de monitorear desde el daño causado por los terremotos, hasta la salud de los cultivos y plantaciones. Cuando las naves espaciales del CO2M, entren en órbita, también asumirán el apodo de Sentinel.

Dada la urgencia por la crisis climática, “CO2M será el faro de Copérnico; su misión más visible”, aseguró Marco Fuchs, CEO de OHB-System, a una entrevista con BBC News. El contrato de la empresa alemana es con la ESA, que a su vez actúa como agente técnico y de adquisiciones para la Unión Europea en Copérnico.

¿Cómo funcionará?

El requisito es que CO2M, rastree el dióxido de carbono en la atmósfera a una resolución de 2km. x 2km. en una franja mínima de 250 kilómetros. Los satélites contarán con un instrumento de CO2, pero también, con una serie de sensores secundarios, para ayudar a la recuperación de la señal y para diferenciar las fuentes de CO2 producidas por el hombre, de las emitidas por procesos naturales.

La división francesa de la empresa Thales Alenia Space (TAS), entregará un espectrómetro combinado, de dióxido de carbono y dióxido de nitrógeno, que operará en bandas de infrarrojos de onda corta y cercana. Por su parte, su parte británica construirá un polarímetro multiángulo. La empresa belga, OIP Sensor Systems, fabricará un generador de imágenes en la nube.

El CEO de OHB-System, afirmó que las demandas del Acuerdo de París están impulsando los deseos de poner en funcionamiento los satélites dentro de cinco años: “Pero obviamente, algunas de las ópticas son muy nuevas y muy sensibles, por lo que tendremos que controlar cómo progresan. Pero, ciertamente, el compromiso que tenemos es lanzar los satélites a partir de 2025“, expresó Marco Fuchs.

Sobre la cantidad de satélites que tendría contemplada la misión CO2M, el director de observación de la Tierra en ESA, Josef Aschbacher, aseguró que con tres evidentemente se realizaría un mejor trabajo que son dos, pero argumentó que incluso en la configuración de dos nave espaciales se podría esperar un buen rendimiento: “Con dos satélites recibimos una nueva vista global de cinco días, y aproximadamente cada dos o tres días en latitudes medias; por lo tanto, en Europa. En realidad, eso no está mal”, aseguró a la BBC News.

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