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Según el IPCC, el rendimiento de los cultivos podría disminuir entre un 10 y 25% hacia el 2050 producto del cambio climático. Por eso, diversas iniciativas científicas que se desarrollan en el país, buscan crear alimentos con propiedades que les permitan enfrentar ese escenario.

Además de su versatilidad culinaria, las papas han sido el alimento en momentos críticos de la humanidad, y será también la mejor aliada frente la crisis alimentaria que provocará el cambio climático. En Chile existen 300 papas nativas de origen chilote, en el banco de germoplasma, la Universidad Austral conserva esas semillas. Y trabaja en un mejoramiento genético que combine el potencial de esas especies con las de uso comercial.

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Estamos preservando biodiversidad genética que es crucial para enfrentar el cambio climático”, dice Carolina Lizana, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Austral.

Las especies mejoradas ya se probaron en terreno y después de cinco años, los resultados son favorables. Las papas no solo podrían tener propiedades nutricionales sino además ser comercialmente más accesibles.

“Podemos cultivar acá en nuestras tierras papas que tienen un alto nivel de potasio y con eso tienen un componente anti stress para el ser humano. Tienen vitamina C, tienen complejo de vitamina B y además las papas de colores tienen el componente de los antioxidantes“, dice Anita Behn, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Austral.

El maíz está en la base de la alimentación mundial de humanos y animales. Es fuente de biocombustibles y uno de los alimentos más producidos y comercializados del planeta. En la Universidad de Talca buscaron darle resistencia y para eso lo combinaron con otro vegetal que crece nada menos que en el desierto de Atacama, el único tomate silvestre nacional.

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“Nosotros estamos colocando genes de tal manera que estos se expresen cuando la planta de maíz está sometida a condiciones de sequía. En las plantas que habíamos puesto esos genes tienen un ochenta por ciento de productividad versus sus hermanas que no llevaban los genes que alcanzaban sólo un 20% de productividad”, afirma el doctor en Ciencias Biológicas de la Universidad de Talca, Simón Ruíz.

Los hongos son otra opción, pero no los que se compran para cocinar, sino unos hongos microscópicos que se cultiva en laboratorio y que se originan a partir de uno que crece en el desierto. Ya se ha probado en tomates y en el futuro también podría usarse en vegetales como el repollo y las bruselas.

“El mayor impacto que tienen nuestros hongos es que nos podrían permitir cultivar en zonas donde hoy en día no se pueden desarrollar cultivos“, dice el investigador y estudiante de biotecnología, Luis Larraín.

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