Por María Jesús Cardemil

Alumbrado público, centros deportivos o avisos publicitarios mal implementados, se pueden transformar en una fuente de contaminación lumínica. Es un problema con múltiples impactos, que ha sido definido como “la introducción -por parte de la actividad humana- de luz artificial en el medio ambiente, directa o indirectamente”.

La astronomía es un área especialmente sensible a esta problemática: el mal diseño de luminaria reduce hasta en un 90% la cantidad de objetos celestes que se pueden observar y limita la capacidad de los telescopios profesionales.

A lo largo de nuestro país hay 17 observatorios, que suman 240 mil hectáreas de terreno dedicados exclusivamente a la astronomía. Chile es un país privilegiado para el desarrollo de esta ciencia por su ubicación geográfica, condiciones meteorológicas, baja turbulencia de masas de aire y montañas muy altas.

Recordemos que más del 40% de toda la astronomía óptica de la Tierra está instalada en suelo chileno y en los próximos 5 años se espera que este porcentaje llegue al 70%. Sin embargo, nuestro país está siendo profundamente afectado por la contaminación lumínica.

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“La noche brilla por motivos naturales -como la dispersión de la luz causada por componentes atmosféricos- y la radiación de los cuerpos celestes como la Luna. La parte antropogénica es la contaminación lumínica“, explica a Futuro 360 el director de la Oficina de Protección de los Cielos de Chile, Pedro Sanhueza.

El especialista comenta que la contaminación lumínica en la astronomía, puede “hacer virtualmente invisible, objetos muy tenues como cuerpos estelares muy débiles y distantes”. Además, causa disturbios a los entornos naturales, afecta la salud humana, provoca molestias visuales y riesgos en las calles y carreteras. “Implica un gasto energético injustificado”.

Sobre sus perjuicios en la astronomía, Sanhueza puntualiza que la luz azul -la más perjudicial para el medio natural y salud humana- afecta las observaciones que se hacen bajo los 550 nm. Esto, impacta en el estudio de planetas extra solares, fenómenos de rápida variación, provenientes de procesos de transferencia de masa o la investigación de las grandes estructuras del Universo.

¿Qué pasa con la regulación?

La Norma de Emisión para la Regulación de la Contaminación Lumínica fue promulgada el 17 de diciembre de 2012 y entró en vigencia el 4 de mayo de 2014. Su objetivo es prevenir la contaminación por luminaria de los cielos nocturnos en las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo.

“Estaba pensada para enfrentar la amenaza de los LEDS y permitió avanzar en materias como evitar mandar luz cerca del plano horizontal, restringir la emisión de la luz azul y controlar la iluminación”, relata Pedro Sanhueza quién redactó el reglamento.

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El director de la Oficina de Protección de los Cielos de Chile, detalla que si bien marcó un hito importante, el fenómeno de la contaminación por luz ha seguido creciendo. Entre algunos de los elementos que propone modificar, está controlar aún más la luz LED y pasar de un 15% a un 1% para las zonas de interés científico.

Protección del cielo en la nueva Constitución

Diego Mardones es doctor en Astrofísica de la Universidad de Harvard, académico del Departamento de Astronomía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, y candidato a la Convención Constituyente por el Distrito 11 (Lo Barnechea, Vitacura, Las Condes, La Reina y Peñalolén). Dentro de sus propuestas, está el que nuestro país avance hacía la protección de uno de sus más grandes patrimonios: el cielo.

“La astronomía no es solo una ventana de Chile al mundo, es también una atracción turística, una fuente de inversión en desarrollo tecnológico, y sobre todo una fuente de inspiración a la ciencia y la poesía de niños y niñas de todo el país. El controlar la contaminación lumínica nos asegura que la astronomía mantenga este rol”.

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Su motivación es poner a disposición del país su experiencia en la academia. “Pongo un énfasis en una Constitución que cuide al medio ambiente y que favorezca el desarrollo científico y tecnológico”.

Sobre cómo puede afectar en el desarrollo del potencial astronómico la contaminación lumínica, Mardones explica que esta problemática es equivalente a cielos nublados, o cielos más turbulentos. Limita la sensibilidad de las observaciones por telescopios. “Se necesita más tiempo de telescopio para lograr el mismo resultado. Esto equivale a encarecer el uso de telescopio. Si no cuidamos nuestro cielo, podemos perder nuestro lugar de privilegio, al hacer efectivamente las observaciones desde Chile más costosas”.

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Para avanzar en regulación, el astrónomo plantea que se necesitan implementar mecanismos que garanticen el respeto a las normas a todo nivel: desde los barrios hasta el país completo. “También dotar de presupuesto para el cambio de luminarias a comunas de bajos recursos. Es una inversión inicial necesaria, que luego se paga solo en ahorro energético a mediano plazo”.

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