“Hemos decidido ir a la Luna. Hemos decidido ir a la Luna en esta década”. Así fue como el presidente de los Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy anunció en 1961 sus ambiciosos planes espaciales.

Este poderoso mensaje marcaba la postura del gobierno norteamericano en conquistar el espacio, especialmente en tiempo de Guerra Fría, momento en que la Unión Soviética ya había dado grandes pasos en la carrera espacial. 

El responsable de lograr que Estados Unidos llegara a la Luna fue la NASA, quienes lanzaron el Proyecto Mercury, luego Géminis y finalmente Apolo, evento que finalmente pondría a un hombre en la Luna.

Apolo I

A solo tres semanas del lanzamiento de Apolo I (27 de enero de 1967), todo el equipo de la NASA se encontraba reunido para realizar una prueba de rutina llamada Ensayo Desconectado, momento en que se desconectaban los sistemas de la nave para verificar su funcionamiento.

Estos ensayos debían ejecutarse tal cual como si se tratara del lanzamiento, por lo que el equipo se encontraba en la sala de control y los astronautas Gus Grissom, Ed White y Roger Chaffee, sobre la nave.

Luego de seis horas de prueba, el equipo en la sala de control escucho gritos provenientes de la cápsula, alertando la presencia del fuego.

“El fuego es terrible ¡Sáquennos de acá!”, se logró escuchar. Posterior a eso, fueron gritos de dolor, agudos y desgarradores los que llenaron la habitación hasta quedar en silencio.

El motivo de una falta de acción por parte del equipo, es que durante ese día, los sistemas de audio se encontraban funcionando mal, las palabras se cortaban y reventabas, y a ratos se dejaban de escuchar sonidos.

La tripulación

Gus Grissom, 40 años, estaba casado y tenía hijo. Ya contaba con experiencia espacial en tres programas, como el mítico Mercury Seven. Él iba a comandar la expedición inicial de Apolo I.

Ed White, iba a ser el primer hombre en caminar en el espacio.

Roger Chaffee, novato del equipo. Nunca había estado en el espacio y llegó a la misión porque el astronauta original para Apolo I se dislocó el hombro en unos entrenamientos y debía operarse.

Los errores de la NASA y las advertencias de los Astronautas

El único que se quejó sobre la comunicación ese día, fue el veterano Grissom, quien manifestó: “pretendemos ir a la luna y ni siquiera podemos comunicarnos de un edificio a otro”.

Además, cuando se liberó el oxígeno para los astronautas, fue también Grissom quien dio a conocer que se sentía un olor desagradable, como al que produce la leche cortada. Tras este aviso, la operación se pausó e investigó de donde provenía el olor, no encontrando respuesta. 

Cuando comenzó el fuego, uno de los colaborados que se encontraban en La Habitación Blanca, destinada a asistir a los astronautas pro cualquier emergencia, vio las llamas por una pequeña ventana.

Al intentar manipular la escotilla, ocurrió una explosión interna, lo que provocó que todos los hombres que trataron de ayudar salieran expulsados, con humo en sus pulmones y sus guantes de nylon desintegrados en sus manos por el calor.

Previo a la explosión, el fuego se desató en los pies de los astronautas, y a medida que las llamas iban creciendo, White y Grissom intentaron abrir la cápsula desde adentro, pero la presión de la cabina había aumentado. Además, debido a la postura en que se encontraban sentados y el peso de sus trajes les provocó perder valiosos segundos.

Finalmente, tras todo esto, el equipo de emergencias se tardó en sacar los cadáveres de la nave, ya que los astronautas quedaron adheridos a la cápsula, puesto que el intenso calor fundió sus trajes de nylon con la estructura. Las pericias indicaron que fallecieron por inhalado monóxido de carbono, y las quemaduras en sus cuerpos ocurrieron postmortem.

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