Por Macarena Atria

Hoy es fácil ver niñas y niños, de menos de dos años, deslizar de forma intuitiva las pantallas de sus teléfonos inteligentes, tabletas y videojuegos. Parece que vinieran con un nuevo chip interno, hasta natural.

Pero las alarmas frente al uso y (para algunos) abuso de la tecnología están encendidas. El debate está abierto, y ante la confusión de padres que no saben si sus hijos son unos genios o están siendo sometidos a un irreparable daño cerebral, quizás sea bueno un paseo por algunos estudios.

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A continuación, se exponen algunos datos y reflexiones para que el padre o madre lectora evalúe el escenario y logre, en el mejor de los casos, llegar a alguna conclusión.

Para la investigadora y profesora de estudios del desarrollo humano y familiar, Heather Kirkorian, “los niños en edad preescolar pueden aprender mucho de la televisión educativa, pero los niños más pequeños pueden aprender más de los medios digitales interactivos (como los chats de video y las aplicaciones móviles de pantalla táctil)”. También señala que, debido a que las condiciones específicas que conducen al aprendizaje de los medios no son claras, no todos los tipos de medios interactivos aumentan el aprendizaje y no todos los niños aprenden en la misma medida de estos medios.

Helen Moylett, presidenta de Early Education, una fundación que tiene como meta mejorar la calidad de la enseñanza y de los niños menores de 5 años, aseguró en un artículo para la BBC que “la tecnología puede ser una herramienta útil e interesante si se utiliza en el lugar adecuado para ayudarnos a aprender, y no todo el tiempo ni como reemplazo de otras cosas”.

Para la neurosiquiatra infantil-juvenil Amanda Céspedes, “antes de los 5 años, los niños no deberían emplear dispositivos digitales como medio de entretención y/o de comunicación. Entre los 6 y los 12 años, el empleo de dispositivos (tabletas, smartphones, etc.) debería ser menor a dos horas por día, sumando entretención y trabajo escolar. En adolescentes, estar conectados a redes sociales no debería superar las tres horas por día y, en lo posible, parceladas.

“Los menores de 3 años no deberían de usar pantallas por el impacto que tienen sobre el desarrollo psicomotor, del lenguaje, el manejo de las emociones y la formación del vínculo de apego”, sostiene María Salmerón, pediatra de la Unidad de Medicina Adolescente del hospital de La Paz en Madrid, al diario El País. “A partir de esa edad, se pueden ir introduciendo tecnologías, pero siempre bajo la supervisión de un adulto responsable que le explique lo que está viendo y establezca relaciones con el mundo exterior. Tanto si es con la televisión como con una aplicación, es importante que tenga una finalidad educativa”, concluye.

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Daniel Halpern, doctor en Información y Ciencias de la Comunicación y director de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica, expuso recientemente en Congreso Futuro 2019 sobre lo adictivos que pueden llegar a ser los dispositivos digitales. El académico PUC explicó que los adolescentes necesitan “conexiones humanas reales” para poder combatir con problemas tales como la “comparación social“, fenómeno en el cual el joven se deprime al diferenciarse con sus pares por redes sociales, sintiéndose inferiores.

A priori, quizás las máquinas no son tan aniquilantes como parecen, pero tampoco son la solución a cualquier problema, ya que estudios indican que existen grados de adicción a la tecnología que sí tienen componentes nocivos.

Todo parece indicar que el equilibrio y la sanidad mental de las futuras generaciones tiene que ver con la igualmente sana comunicación humana. Destinar un par de horas a la tecnología y el juego está bien, pero que los padres y los niños estén abducidos en sus teléfonos y no logren comunicación humana, parece ser un camino más complejo.

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No es necesario volverse amish para establecer altos valores familiares, ni cyborgs para transformarse en robots. Si los niños responden adecuadamente a la amplitud de experiencias formativas, tanto en términos académicos, emocionales y sociales, quizás la adopción de nuevas tecnologías sea una evolución positiva.

Pero tal como lo anuncia la antropóloga Amber Case en entrevista con CNN Chile, la tecnología debe amplificar nuestra condición humana. Y hoy, “lo que más necesitamos es atención y tiempo”.

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