Por Mario Hamuy

Me han pedido que escriba una columna sobre la importancia de invertir en ciencia. Partamos por entregar buenas noticias. Esta semana Conicyt dio a conocer el resultado del concurso de Iniciación de Fondecyt, cuyo público objetivo son investigadores en etapas iniciales de sus carreras, el cual favorecerá a 363 postulantes, en comparación a los 331 adjudicados en 2017. Esto corresponde a un importante incremento de 10%, lo cual fue posible gracias a cerca de $3 mil millones adicionales, otorgados a Fondecyt en el último año de gobierno de la presidenta Bachelet, un esfuerzo que se agradece particularmente por haber sido otorgado en un momento de finanzas estrechas.

En el rango etario más joven, Conicyt también ha realizado importantes esfuerzos en apoyar la inserción laboral de los jóvenes en la academia. Hace pocas semanas se adjudicaron 28 subsidios de tres años de duración para la inserción de doctores en la academia, 12 más que el año pasado, lo cual cubre la totalidad del sueldo del investigador, además de aportar importantes recursos para apoyar su investigación. Como contraparte, la universidad albergante se compromete a contratar al académico en jerarquía de profesor asistente, es decir, una inserción laboral de indiscutida calidad. Este aumento fue posible con un financiamiento adicional aproximado de $800 millones a este programa en el presupuesto 2018.

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Otra buena noticia es que, gracias a una reasignación presupuestaria realizada desde Conicyt, este año está proyectado otorgar todas las solicitudes de beneficios complementarios a los estudiantes de doctorado nacional, tema que a mediados de año no estaba claro y, por cierto, generó legítimas preocupaciones entre los becarios y las universidades. En resumen, Conicyt ha focalizado sus esfuerzos responsablemente en otorgar más oportunidades a los jóvenes.

Con la motivación que implica la reciente publicación de la Ley 20.105 -en agosto pasado- que crea el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, fue que le planteé al ex ministro Varela, en el mes de junio, una expansión presupuestaria exploratoria del 10% para el año 2019. Nuevamente el esfuerzo estaba dirigido a los jóvenes y plenamente alineado con el programa de Gobierno. Luego de las correspondientes negociaciones con el Mineduc, logramos ingresar a Dipres, en julio pasado, un presupuesto con una importante expansión del 6,5%.

No puede ser que grandes investigadores chilenos encabecen rankings internacionales y no seamos capaces de aprovecharlos por el bien y el futuro de Chile.

Lamentablemente, el proyecto de ley de presupuesto 2019 que acaba de ingresar al Congreso viene con un crecimiento nulo para Conicyt, y una disminución global en ciencia, tecnología e innovación de 4,6% al considerar las líneas presupuestarias radicadas en otros ministerios.

No estoy entre los que postulan que la inversión en ciencia, tecnología e innovación debiese pasar del actual 0,38% del PIB al 1% solo por tratar de empatar a otras economías, sino porque creo firmemente que los aumentos presupuestarios deben ser responsables y venir acompañados de objetivos sociales, que redunden en una mejor calidad de la vida para las personas.

Esta es justamente la oportunidad que nos otorga el escenario de un nuevo ministerio: ir aumentando gradualmente esa inversión del PIB, a través de una política de Estado, con una visión estratégica de mediano y largo plazo, que permita priorizar estratégicamente las necesidades en estas materias y, a la vez, apalancar más presupuesto para investigación desde el sector privado, el cual se encuentra muy rezagado, puesto que se trata solo de un tercio del esfuerzo que hace el país, lo cual contrasta con dos tercios en los países de la OCDE. No pierdo la esperanza que el ministerio se ponga en marcha al más breve plazo para que logremos soñar un mejor futuro con más oportunidades para las nuevas generaciones.

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¿Cómo lograrlo? No es un desafío fácil, puesto que la inversión en ciencia generalmente reditúa a plazos mayores que los ciclos de los gobiernos. Los científicos estamos generalmente pensando en desarrollos que requieren 10 años, mientras que los ciclos políticos tienen horizontes de cuatro. Tampoco es fácil pedirle paciencia a una ciudadanía que requiere respuestas a sus problemas más inmediatos.

Sin embargo, aunque tome más tiempo, es imperativo apoyar el fomento a la innovación científico tecnológica, puesto que es la llave que nos permitirá romper con el statu quo de la mera extracción y exportación de recursos naturales, para ser capaces de invertir en investigación y en la formación de capital humano, con oportunidades de desarrollo dentro de Chile. Innovaciones como la inteligencia artificial y la robótica ya no son el futuro, son el presente, y si no somos capaces de invertir en I+D, nos seguiremos quedando atrás. Hoy tenemos la institucionalidad, contamos con una base de científicos que ha costado gran esfuerzo construir, con ideas y, sobre todo, ávidos de contribuir al país. No puede ser que grandes investigadores chilenos encabecen rankings internacionales y no seamos capaces de aprovecharlos por el bien y el futuro de Chile.

Sin ciencia no hay futuro. Chile tiene todo lo necesario para ser protagonista de los grandes cambios, solo necesita de la audacia de las autoridades, para que esto sea una pronta realidad.

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