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Un innovador experimento nos muestra cómo el COVID-19 queda esparcido en nuestras manos, ropa y rostro. Un ejercicio que además demuestra el eventual riesgo de contagio mediante nuestros ojos. Ya que se ha confirmado que incluso, el coronavirus puede estar presente en lagrimas de personas contagiadas.

En Japón desarrollaron un método para detectar este patógeno que tiene al planeta en medio de la peor crisis sanitaria de la historia. El virus SARS-CoV-2 fue detectado en secreciones lacrimales y abre la interrogante: ¿podemos contagiarnos por los ojos?

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Investigadores japoneses utilizaron tecnología luz ultravioleta para determinar cómo se puede propagar el virus en espacios tan comunes como un buffet.

El virus se propaga entre todos los comensales. En nuestras manos, cara, ropa y en cada utensilio está presente. Este es un ejercicio hecho en Japón para demostrar cómo se aloja y se podría observar el virus en algo tan común como el compartir una comida.

Además, no solo la comida o espacios de almuerzo sino que los ojos pueden ser vectores de contagio. “Hay trabajos que han demostrado la presencia del virus en las lágrimas y la presencia de un receptor hace que el virus pueda anclarse en la superficie del ojo“, explica Alejandro Lutz, oftalmólogo de la Clínica Las Condes.

La alerta llega ahora a raíz de una investigación del departamento de oftalmología de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos. Allí decidieron estudiar si nuestros ojos, pueden ser una puerta de acceso del SARS-CoV-2 hacia nuestro organismo. La presencia de una proteína en su interior, levanta la sospecha.

Al respecto el infectólogo Ignacio Silva de la USACH dice: “Un receptor que es una enzima permite que proteínas del virus se unan a este receptor lo que facilita la entrada  del virus a las células humanas“.

Y eso deja como consecuencia una conjuntivitis, la que ha sido detectada en pacientes críticos, producto de los diversos daños que nos puede llegar a provocar el virus.

La duda, está en si este efecto, puede dejar secuelas una vez superada la enfermedad, tal como ocurre con otros órganos como por ejemplo, nuestros pulmones.

Si me llevo las manos a un ojo enfermo (por coronavirus) tengo más posibilidad de que mis manos queden con virus y lo pueda transmitir a otras personas“, indica Silva.

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Los especialistas aclaran que el uso de antiparras no es necesario en la población común, ya que, a menos que exista una interacción directa con un contagiado, no hay riesgo de contraer la enfermedad.

Situación completamente opuesta para los funcionarios de salud, los que en cualquier caso, deben en todo momento utilizar estos implementos, debido a la alta presencia de fluidos contagiantes registrados en hospitales.

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