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Los efectos del calentamiento global se han vuelto cada vez más evidentes y una de las pruebas más fehacientes de esta situación son los deshielos del ártico.

Los expertos saben que de no controlar esta situación, llegaremos al “Tipping point” (punto de inflexión o no retorno) que terminará por modificar progresivamente las costas y también provocará un aumento del mar.

“En ese punto ya no importa que el ser humano controle sus emisiones, es un sistema biológico que toma el control. Por eso es tan crítico lograr las emisiones humanas hoy, de modo que no lleguemos a cruzar esos umbrales”, afirma  Jose Luis Samaniego, del departamento de Desarrollo Sostenible y Asentamiento Humano de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). 

Lo cierto es que hoy el ártico se calienta dos veces más que el promedio del planeta y el permafrost (o suelo congelado) de ese lugar, que contiene una gran cantidad de carbono, está interactuando con la atmósfera en forma de co2 y metano, que son los gases más perjudiciales.

“Esos materiales orgánicos que no se descomponían por el frío, al aumentar la temperatura si alcanzan a hacerlo y, por lo tanto, se convierten en esta fuente de metano hacia la atmósfera“, menciona Samaniego

Por otra parte, los deshielos en la Antártica han hecho que algunos organismos estén migrando más al sur y otros, que no pueden migrar, están en riesgo de desaparecer.

En esa línea, el Dr. Marcelo Leppe, Director nacional del Instituto Antártico Chileno señala que “estamos notando de que el ecosistema antártico, como lo tenemos hoy día, estaría en jaque“.

Hoy, una economía baja en carbono podría ser la clave para frenar el desgaste del suelo ártico antes de llegar al punto de no retorno.

 

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