Por Macarena Morales Barrientos

La obesidad es un problema real en Chile y el mundo, los datos y las evidencias abundan para entender cómo este mal nos está matando. El Atlas de la Obesidad proyectó que al 2035 el 43% de la población tendrá esa condición, la misma que es causa de múltiples enfermedades como la diabetes tipo 2, cáncer, cardiovasculares e incluso aquellas vinculadas con la salud mental. 

La vida actual, la desinformación, la abundancia de “alimentos” procesados nos han llevado a condiciones límite. Claro está que partiendo por una motivación estética (aunque este debería ser solo un efecto) hemos estado en la constante búsqueda de la fórmula  mágica que nos permita perder esos kilos que tenemos en exceso. Cuando todos sabemos que el camino es uno: el estilo de vida.

Si bien la ciencia encuentra herramientas que nos ayuden a eso, es aquí donde por estos días se han popularizado medicamentos para la pérdida de peso como el Ozempic y otros más. Una inyección que funciona como agonista del receptor GLP-1 que ralentiza el paso de los alimentos a través del estómago y están aprobados para tratar la diabetes o la obesidad.

Hay un sobreúso de estos fármacos, nos explica la diabetóloga del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, Patricia Gómez, y se tiende lamentablemente a la venta sin receta ni supervisión médica. Es ahí uno de los grandes problemas, algunos de los pacientes lo usan dos o tres meses para conseguir resultados rápidos, cuando esto es solo una herramienta que podría ayudar a las personas con obesidad para adquirir un cambio en el estilo de vida. Que realmente es la verdadera y permanente solución. 

Cuando se trata de nuestra salud, lo importante es tomar conciencia y hacer drásticos cambios de hábitos que nos permitan volver a los niveles de peso que no pongan en riesgo nuestra salud. Y aquí nos detenemos en un punto, comer saludable parece ser fome, es privarse, etc. Es que estamos asociando la comida incluso chatarra y ultraprocesada a una falsa felicidad, porque la realidad es que estos alimentos aumentan el riesgo de tener depresión, cambios de humor, irritabilidad y poca energía, esto porque afecta las señales de los neurotransmisores del cerebro y la producción de dopamina y serotonina. 

¿Quizás lo que nos gusta de la comida chatarra es lo que trae consigo, un momento de reunión entre familia o amigos o estaremos ya adictos a ella? Lo cierto es que hay que de una u otra manera tomar las riendas del asunto y por ejemplo, ¿Por qué no generar esas instancias con alimentos que nos aportan buena salud? O también, realizar actividades que sean en pro de tener un cambio en el estilo de vida. Finalmente no hay que buscar la perfección, sino que la constancia, tal como lo dijo la doctora y directora del centro NeoSer, Paulina Vega. 

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