Perder una mascota es uno de los procesos más difíciles por los que tiene que pasar una persona. No es de extrañar, hoy en día los animales que nos acompañan día a día son considerados como un miembro más de la familia.

Según la última encuesta realizada al respecto por Adimark, el 64% de los hogares chilenos cuenta con una mascota y, dependiendo de la relación que se tenga con ésta, le pérdida de tu acompañante animal puede ser más traumático que experimentar la muerte de familiares o amigos.

En parte, ésto se debe a que las mascotas comparten una gran cantidad de tiempo con nosotros. Las vemos todos los días, dependen de nosotros y ajustamos nuestras vidas alrededor de sus necesidades, aún así, enlutar por una mascota no es socialmente aceptada.

Si bien éste pensamiento es un poco retrógrada, Leslie Irvine, socióloga de la Universidad de Colorado-Boulder, asegura que hemos dejado de pensar en las mascotas como accesorios y las pasamos a ver más como lo que son: criaturas pensantes y capaces de sentir.

Lee también: Joven chino pagó $25 millones para que clonaran a su difunto gato: Lo lograron y ahora buscan cómo duplicar los recuerdos

Las mascotas se vuelven miembros de la familia porque activamente modelan como vivimos. “Muchas personas despiertan a cierta hora, y no porque tengan alguna alarma que les haga hacerlo, sino porque sus perros necesitan pasear“, asegura Irvine.

“Tal y como otros humanos participan en formar una familia realizando éstas prácticas, levantarse juntos, comer juntos, bañarse juntos y todo eso, ésto también lo hacen los animales que entran a los rituales de un núcleo familiar“, agregó para Popular Science.

A pesar de los esfuerzos que tenemos que realizar para mantener a nuestras mascotas, esto no sería sólo una relación unilateral. Un estudio del 2015 publicado en Science, descubrió que cuando las personas miran en los ojos de los perros, tanto la humano como su acompañante incrementan sus niveles de oxitocina, la cual es conocida como la “hormona del amor”.

Dicho compuesto es liberado cuando los humanos se miran a los ojos entre ellos o cuando los padres miran a sus hijos recién nacidos. Sin embargo, y a pesar de la relación que se establezca con nuestros peludos acompañantes, sus muertes son miradas en menos.

A pesar de ser uno de los primeros acercamientos que tienen las personas con el concepto del fin de la vida, el fallecimiento de una mascota es en muchas ocasiones mucho más crudo.

Lee también: Estudio afirma que los perros imitan los niveles de estrés de sus dueños

Thomas Wrobel, psicólogo de la Universidad de Michigan-Flint afirma que “a menos que cremes a tu mascota, tienes que lidiar con la muerte de tu perro, lo cual es una experiencia con la muerte mucho más íntima“.

En un estudio realizado por Wrobel en 2005 ahondó en la relación de los síntomas del duelo y el apego hacia las mascotas. “Nuestros resultados mostraron que la culpa es mucho más alta (en la lista de respuestas emocionales, porque muchas de las personas llevaron a sus animales a ser eutanasiados

Lo último aumenta la responsabilidad que tienen las personas con sus acompañantes animales. La instancia en que se discute la ética de acabar con una vida que está sufriendo; momento íntimo que normalmente no se puede compartir con un miembro de la familia.

“Luego de la muerte de su mascota, 90% de las personas a las que atiendo afirman que les dolió más que perder a su madre o a su abuela“, asegura Dani McVety, veterinario y CEO de Lap of Love, una red de servicios relacionados al cuidado de los animales.

Es quizá ésta responsabilidad que sentimos por nuestras mascotas los que nos hace sufrir más su pérdida que la de algún familiar lejano al que no conocimos. Dolor que en ocasiones debería ser normalizado, más aún en los tiempos en que las mascotas se están volviendo miembros activos de la familia y, por otra parte, comienzan a reconocer derechos respecto a su cuidado responsable.

Tags:

Deja tu comentario


Estreno

Martes / 22:30 / CNN Chile