Por José Ferrada
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Mientras las comunidades alrededor del mundo están haciendo su mejor esfuerzo para volver a la normalidad, cientos de ciudades siguen manteniendo una alta tasa de contagio frente de COVID-19. Los expertos, advierten que la situación se podría tratar de una segunda ola de coronavirus.

Afortunadamente, este “efecto rebote” todavía no está fuera de control. Diferentes especialistas en salud pública, han hecho ahínco en una barata pero poderosa herramienta para evitar los contagios que está a nuestro alcance: las mascarillas.

De acuerdo a dos nuevos modelos matemáticos comprensivos, el uso rutinario de este elemento por parte de al menos la mitad de la población mundial, puede mantener la tasa de contagio del coronavirus bajo 1.0.

“El índice de contagio se refiere al R(0). Que es el número de reproducción. En epidemiología, se refiere al número promedio de personas que pueden ser infectadas por un caso activo. Cuando el R(0) es mayor a uno la epidemia no está controlada y puede seguir escalando, si cae a menos de uno, la epidemia pierde fuerza y los contagios caen y, por ende, el brote se puede controlar”, explica a Futuro360 Roberto Olivares, jefe de Infectología de la Clínica Dávila.

Usando esta herramienta, las medidas de cuarentena globales podrían flexibilizarse y aplanar la curva de futuras enfermedades, ya que si la tasa se mantiene tan bajo como se estima, las infecciones por COVID-19 podrían desaparecer con el tiempo.

Según lo publicado en el portal Inverse investigadores detallaron que los análisis de datos de los modelamientos, apuntan a que es necesario una “inmediata y universal utilización de mascarillas por parte de la población”.

Si bien los trozos de tela quirúrgica no son perfectos, son una de las herramientas más prácticas para combatir al COVID-19, especialmente en áreas privadas de recursos. “En los países en vías de desarrollo, existen opciones limitadas para prevenir el contagio. Las mascarillas pueden ser muy útiles para evitar que la enfermedad se propague”, asegura Richard Stutt, principal autor de uno de los estudios e investigador de la Universidad de Cambridge.

“Dadas las cifras actuales es muy probable que esto se mantenga en números altos, al menos durante todo junio. La tendencia a fines de junio, dará luces de cómo va a seguir el brote en julio y agosto probablemente. También habrá que ver cuánto impacte la cuarentena, que, hasta ahora, no ha notado un impacto muy significativo. En Latinoamérica, salvo excepciones como Uruguay, la tendencia al alza probablemente también se va a mantener”, agregó Olivares.

Las mascarillas funcionan bloqueando las gotas virales que se transmiten cuando una persona habla, tose, estornuda o canta. Estas escurridizas partículas son la principal forma mediante la cual se contagia el coronavirus, por lo que se vuelven escenciales para detener las cifras de contagios.

“Lo ideal son las mascarillas llamadas quirúrgicas, pero mascarillas de confección más caseras también pueden proteger sobretodo las de algodón o derivadas de paños de cocina, por ejemplo, que idealmente tengan al menos doble capa. La idea es que una vez puesta ya no se vuelva a manipular y se deseche cuando se humedezca. El resto de medidas son las conocidas como la higienización de manos frecuentemente y mantener la distancia social, es decir 1,5 a 2 metros de separación”, apuntó el infectólogo de la Clínica Dávila.

La fórmula de las Mascarillas

Para determinar exactamente cuántas y quienes deberían usarlas, Stutt y su equipo modeló una amplia variedad de escenarios, proyectando una gradiente de uso de mascarillas (desde 0, hasta la población completa) de diversas comunidades en diferentes estadios de infección y transmisión por aire o superficies.

Luego, factorizaron qué tan efectivo son ciertos tipos de mascarillas existentes (hechas en casa o clínicas) junto a las medidas de distanciamiento social. También tuvieron en consideración aspectos negativos del uso de éstas, como un mayor porcentaje de incomodidad facial y posterior contacto.

Los resultados son impactantes: en todos los escenarios modelados, el uso rutinario de mascarillas por parte del 50% o más de la población “aplanó la curva de contagios”, reduciendo la tasa de propagación del virus a menos de 1.0.

Además, se predijo que ocuparlas al salir de casa reduce al doble la transmisión viral, en comparación a cuando se utiliza una vez que los primeros síntomas aparecen. Incluso las mascarillas caseras, de efectividad limitada, pueden reducir dramáticamente las tasas de transmisión viral si son utilizadas por la cantidad correcta de personas, sin importar si presentan síntomas o no.

En los modelos, un uso del 100% de mascarillas combinados con cuarentenas intermitentes, previnieron cualquier reaparición del virus por al menos 18 meses. Tiempo suficiente para que se desarrolle una vacuna.

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