Por Alejandro Alaluf

Debe haber sido a fines de 1994, más o menos. Durante una calurosa tarde de viernes, un amigo me dijo “Tienes que escuchar esto”, y me sentó frente a su PC de escritorio para experimentar un nuevo videojuego llamado Doom. Sabía que estaba circulando popularmente, mano en mano, aunque personalmente nunca había tenido la oportunidad de jugarlo. Hasta ahora. Entonces, mi amigo me pasó unos audífonos y me dijo: “Concéntrate en el sonido de los monstruos cuando se acercan, te vas a poder fijar de dónde vienen”.

Hace exactamente tres décadas, un videojuego emergió de las sombras para cambiar el paisaje de los videojuegos y dejar una huella indeleble en la cultura pop. El Doom, lanzado en 1993 por el estudio norteamericano id Software, no solo fue un hito en términos de nuevas tecnologías y adictiva jugabilidad, sino que también se convirtió en un muy popular fenómeno cultural que ha perdurado a lo largo de los años. A medida que celebramos su trigésimo aniversario, es realmente fascinante reflexionar sobre el impacto duradero que ha tenido en la industria del entretenimiento.

Hablamos de un título que cambió absolutamente las reglas del mundo y la industria de los videojuegos al ofrecer un producto que no sólo destacaba tecnológicamente. Además, su original escenario y su popularidad, a través del concepto muy noventero que fue el software “shareware” (básicamente, demos larga duración que venían en discos compactos muchas veces regalados por la compra de otro producto). Eso sin duda que ayudó a que le juego se masificara rápidamente, mano en mano.

La creación del Doom estuvo a cargo, básicamente, de dos personas: John Carmack y John Romero, dos personalidades algo opuestas que, sin embargo, lograron plasmar, tanto en términos técnicos, mecánicos y narrativos, una aventura de exploración y disparos en primera persona como nunca se había experimentado. Su ritmo frenético, su excepcional y violenta historia ambientada en Marte y la inmensa variedad de enemigos, armas y sorpresas transformó al Doom rápidamente en un éxito.

Pioneros del FPS y el “Deathmatch”

Cuando el Doom llegó a la escena a fines de 1993, introdujo al mundo de los videojuegos a un género casi completamente nuevo: los juegos de disparos en primera persona (o FPS, por sus siglas en inglés). En rigor, no es el primer título que utilizó la mecánica de una vista en primera persona. De hecho, la misma compañía, un año antes, había lanzado un juego similar, aunque levemente más primitivo: el también muy popular Wolfenstein.

Ahí, el protagonista debía atravesar los complejos laberintos de un castillo nazi durante la segunda guerra mundial, enfrentarse a soldados del Reich y, eventualmente, combatir al mismísimo Adolf Hitler en versión robot (!). El juego fue un verdadero batatazo, así que la gente de id Software no dudo en proseguir esa senda, pero con un concepto nuevo, más oscuro, más tecnológico y derechamente vinculado a la ciencia ficción. Así se comenzaron a gestar los orígenes del Doom.

Por otro lado, también hubo una mejora técnica sustancial: su motor gráfico, el id Tech 1, desarrollado por Carmack, que revolucionó la forma en que percibíamos los gráficos en los videojuegos hasta ese momento, al utilizar una técnica llamada ‘mapeado de texturas’ para crear mundos tridimensionales que eran asombrosos para la época.

Claro, los juegos en 3D todavía no eran parte del menú y lo más cercano que se podía lograr visualmente eran efectos a “2.5D” en los títulos de la época, es decir, una especia de “profundidad” 3D. En cambio, lo que se logró con el Doom en términos de generar una aventura totalmente inmersiva que efectivamente generaba una sensación espacial 3D, fue algo único y muy novedoso.

Pero Doom no solo fue innovador en términos tecnológicos. También fue el precursor del “Deathmatch“, un modo de juego multijugador en el que los usuarios pueden combatir entre sí hasta que sólo queda uno en pie. Este concepto sentó las bases para la competitividad en los juegos en línea, algo que es ahora omnipresente en la industria de los videojuegos, especialmente en los títulos de “batalla real”, como el Fortnite, el PUBG o el Apex Legends. Pero en 1993, cuando las conexiones a Internet todavía eran realizadas vía módem telefónico a una velocidad que se medía en baudios, esta posibilidad fue no menos que revolucionaria.

Influencia en la Música Metal y Más Allá

A su vez, la banda sonora del Doom fue rupturista. Compuesta por el norteamericano Bobby Prince, no sólo acompañó la acción intensa del juego, sino que también dejó una marca indeleble en la escena musical. Las pistas de sonido basadas en el género del heavy metal y en la música electrónica se convirtieron en una parte integral de la experiencia de juego y, al mismo tiempo, inspiraron a decenas de músicos.

De hecho, la conexión entre la música del Doom y el género del metal se ha mantenido a lo largo de los años, demostrando cómo la influencia del juego ha trascendido las fronteras de la pantalla. La verdad es que fue algo que nunca antes se había escuchado.

Pero también estaban los efectos de sonido. Compuestos por el mismo Bobby Prince, además de ser sacados mayoritariamente de una biblioteca de sonido para PCs, el detalle en cada acción realizada por el personaje, sus armas, sus enemigos, explosiones, disparos o lo que fuese, estuvo meticulosamente mezclado para entregar una paleta de sonidos nunca antes escuchada. Y con tecnología 3D envolvente para audífonos, que rompía las barreras más tradicionales del sonido estéreo.

Controversias y el Debate sobre la Violencia en los Videojuegos

A medida que el Doom iba rápidamente ganando, el juego también atrajo la atención de críticos y grupos de padres preocupados por su contenido violento. La violencia, en distintas medidas, siempre ha sido un elemento intrínseco en videojuegos, desde sus inicios. Pero durante la década de 1990 -antes de las polémicas del Grand Theft Auto-, el juego se vio envuelto en un debate sobre si los videojuegos, y en particular los juegos violentos como Doom o el Mortal Kombat, contribuían a la violencia juvenil.

Esta controversia llevó a discusiones más amplias sobre la regulación de los videojuegos y su impacto en la sociedad, con discusiones a niveles gubernamentales y, finalmente, con la creación en 1994 de la ESRD, más conocida como la Entertainment Software Ratings Board, entidad gremial encargada de auto regular las edades para videojuegos.

Doom en la Cultura Popular: Cine, Televisión y Más

La influencia de Doom en la cultura pop fue brutal. Se extendió más allá del mundo de los videojuegos y se infiltró rápidamente en la cultura popular y en una incipiente Internet. Memes, gifs, videos, mashups y chistes en general por infinidades son generados hasta el día de hoy.

A su vez, el juego ha sido referenciado en películas y programas de televisión, desde la propia cinta del 2005 basada en el juego, con Dwight “La Roca” Johnson como protagonista, hasta episodios de Friends, Los Simpson o Family Guy. Pero la imagen del popular Doomguy -nombre no oficial otorgado al protagonista- y los demonios se ha convertido en parte del imaginario colectivo, una prueba del impacto duradero del juego en la cultura popular.

Legado Técnico, Modding y Desarrollo de la Inteligencia Artificial

Más allá de que el motor gráfico utilizado en el juego sentó las bases para muchos otros títulos de id Software, éste se convirtió definitivamente en una gran influencia importante en el desarrollo de motores gráficos en la industria.

Pero otro detalle interesante fue el de su inteligencia artificial, donde por primera vez parecía que los enemigos en el juego podían saber los movimientos del jugador para moverse acorde en sus ataques. La IA diseñada para ser, en ese sentido, “desafiante”, estableció un estándar que se ha ido perfeccionando hasta el día de hoy. No por nada hoy sus creadores se dedican a ello y a desarrollar nuevas tecnologías.

Por otro lado, una de las características distintivas del Doom ha sido su activa comunidad de modding o modificadores. Desde los primeros días del juego, los jugadores han podido alterar o derechamente crear modificaciones de todo tipo al juego, lo que ha logrado ampliar la vida útil del juego de maneras inimaginables. La preservación del código fuente de Doom por parte de sus autores ha permitido que esta comunidad prospere, demostrando cómo la creatividad y la dedicación de los fanáticos pueden mantener viva una obra maestra de los videojuegos.

Un Futuro Prometedor

Es evidente que el legado del juego va más allá de ser simplemente un exitoso título dentro de la cultura pop. El Doom se ha convertido en un fenómeno cultural que ha dejado su huella en la música, la política y la forma en que percibimos los videojuegos.

Además, con nuevas y exitosas entregas que han revivió la franquicia, como Doom (2016) y Doom Eternal (2020), el futuro se ve tan emocionante como su impacto en el pasado.

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