(CNN Español) –  La variante Ómicron sigue su avance por el planeta y, según su Boletín Epidemiológico del 11 de enero del 2022, la Organización Mundial de la Salud reporta que 58,5% de las muestras secuenciadas en el mundo eran Ómicron, lo que la convierte en la variante predominante en el planeta.

El gran problema de la variante Ómicron es que es sumamente contagiosa. Por esto, mucha gente, ya sea porque amaneció con síntomas sospechosos de COVID-19, o porque estuvo en contacto con una persona infectada, siente la necesidad de hacerse una prueba.

Por otro lado, en muchos países las pruebas son escasas y eso está ocasionando aglomeraciones. Por esta razón es importante desarrollar estrategias para el uso racional de los test.

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Las pruebas para detectar el COVID-19

Dos son los tipos principales de pruebas para saber si el virus está presente en las vías respiratorias de una persona:

  • La PCR o molecular.
  • Y las pruebas de diagnóstico rápido (RDT en inglés), cuyo principal tipo es la prueba de antígenos.

Ambas tienen sus ventajas y desventajas.

La PCR, que es el estándar dorado por ser las más sensible para detectar el virus, requiere una tecnología sofisticada, por lo que no está ampliamente disponible. Es cara y su proceso demora varias horas, por lo que sus resultados pueden demorar uno o más días.

Por su parte, la prueba de antígenos es mucho más barata y rápida, pudiendo, al igual que la prueba de orina casera del embarazo, dar un resultado en 15 minutos.

Es muy importante entender que, bajo la premisa de que ninguna prueba en medicina es perfecta al 100%, ambos test tienen importantes limitaciones.

La sensibilidad de ambas pruebas

Para entender esas limitaciones, debemos recordar que las pruebas diagnósticas se evalúan por:

  • Su sensibilidad o capacidad de correctamente identificar los casos positivos en grupos de personas verdaderamente infectadas
  • Y por su especificidad, o sea su capacidad de identificar correctamente los casos negativos en personas que no tienen la infección.

La sensibilidad de PCR es de alrededor de 95%, es decir que solo en un 5% de casos nos da un resultado falso negativo.

Por su parte, la prueba de antígenos (sobre todo cuando la persona no tiene síntomas), solo logra acertar la positividad en el 40 a 70% de las veces. Es decir que los falsos negativos pueden ser muy altos.

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En general, sabiendo las limitaciones de las pruebas arriba expuestas, se aconseja que para las personas sintomáticas, con alta carga viral, se escoja la prueba de antígenos, por ser más rápida y barata; mientras que las pruebas PCR son más útiles para los contactos asintomáticos, con menor carga viral.

Como se mencionó, dos son los grupos de personas que buscan una prueba:

  • Aquellas sintomáticas que deseen saber si tienen COVID-19
  • Y las asintomáticas que sospechan haberse contagiado.

Sabiendo que el COVID-19 no tiene tratamiento médico específico, la principal finalidad de hacerse la prueba es que si es positiva, se monitoreen los síntomas de la enfermedad y se inicien las medidas de protección de la familia y la sociedad, usando mascarillas de alta eficiencia y aislándose por un número de días que depende del país en que se vive.

¿Pero, qué hacer si las pruebas son escasas?

Ante la escasez de pruebas, y sabiendo que su resultado no implica el inicio de tratamiento específico alguno contra el COVID-19, mucha gente se pregunta si una prueba es obligatoria.

La respuesta es que, si bien es cierto que la prueba es deseable para mantener al día las estadísticas de un país y para la tranquilidad emocional de una persona, y en algunos países para demostrar ante el empleador que se está infectado, esta no es de imperiosa necesidad.

Eso porque ante la sospecha de haberse contagiado o al iniciar síntomas respiratorios, la persona debe, mientras busca una prueba, asumir que está infectada e iniciar las recomendaciones que de todos modos le darán si le sale la prueba positiva. Es decir:

  • Notificar inmediatamente a sus contactos cercanos acerca de su situación
  • Empezar a usar mascarillas KN95
  • Y aislarse por los días que normen los reglamentos del país.

Recientemente, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicó una alerta informativa en la que recomienda que las personas que deben tener preferencia para hacerse las pruebas caen en dos grupos principales:

  • Las personas que desarrollan síntomas respiratorios y que, por padecer enfermedades predisponentes, tienen un mayor riesgo de hospitalización
  • Y los trabajadores ante la necesidad de realizar sus labores de manera presencial, tales como los profesionales de la salud

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De acuerdo con ese documento, la OMS no recomienda la prueba en individuos asintomáticos. Esto incluye los contactos de personas infectadas, o en personas que lo hagan solo para salir del aislamiento o poder ingresar a lugares públicos.

Con millones de personas infectadas y escasez de la prueba, es muy importante seguir las instrucciones del ministerio de Salud del país en que se vive y saber que las pruebas de diagnóstico si bien es cierto que son importantes, al no existir un tratamiento curativo de covid-19 no son de ninguna manera pruebas salvavidas.

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