Por Miguel Ángel Sánchez

En las últimas semanas la edición de genes ha sido tema obligado, por sus implicancias éticas, tras las revelaciones de un científico chino que afirmó haber editado el ADN de pacientes humanos. Pero más allá de este hecho no probado y que ha generado polémica, hoy comienza a escucharse con fuerza sobre la edición de genes o genomas, como una atractiva y útil herramienta biotecnológica para la medicina y la agricultura, así como hace un par de décadas comenzó a hablarse de los transgénicos.

Pero, ¿qué son y qué diferencia a estas técnicas?

En primer lugar, en el caso de la agricultura y la producción de alimentos, ambas son herramientas que nos ofrece la ciencia para resolver problemas del campo, como las pérdidas causadas por insectos plaga, malezas, enfermedades y los desafíos climáticos, y también para mejorar las características nutricionales de los vegetales.

Pero lo hacen de manera distinta. Un transgénico es cuando queremos mejorar una característica específica de un organismo, y para esto buscamos en la naturaleza un gen que posea la información para producir una proteína relacionada a esa característica. Luego, con técnicas biotecnológicas, copiamos ese gen y lo introducimos en el material genético del organismo de interés.

Por su parte, en la edición de genomas los productos finales, a diferencia de los transgénicos, no contienen genes provenientes de otros organismos. Lo que se hace es editar el mensaje genético, cambiando de manera precisa algunas letras del mensaje. El objetivo aquí, por lo general, es “apagar” genes para que dejen de producir ciertas proteínas, ya que tanto plantas como animales poseen genes que los predisponen a ciertas enfermedades, o porque hay ciertas proteínas relacionadas a alergias, o porque hay otras que disminuyen la calidad del producto alimenticio.

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En el caso de las plantas, un número creciente de países, como Argentina, Chile, Brasil, Colombia, Estados Unidos e Israel han definido que la edición de genes no produce Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y, por lo tanto, han diseñado para los vegetales editados enfoques regulatorios distintos a los de los transgénicos. Ello está impulsando la innovación, como los procesos de investigación y desarrollo, generando la esperanza que en el corto plazo ya existan diversos productos disponibles comercialmente que contribuyan a resolver los problemas de la producción y calidad de alimentos.

Su atractivo no yace sólo en la precisión de los cambios genéticos que se quieren realizar, sino también en que permiten acelerar considerablemente los tiempos para mejorar las características de los vegetales. Además, son herramientas muy versátiles que han funcionado en casi todos los tipos de células vegetales que se han probado hasta el momento.

Pero no solo las plantas son objetivo de esta nueva tecnología. Actualmente el mundo científico trabaja para, mediante edición génica, entender la causa de enfermedades, y para obtener curas o tratamientos para muchas de las enfermedades que tienen una causa u origen genético.

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Por todo lo anterior, es importante distinguir entre la utilización de estas herramientas biotecnológicas en humanos y en plantas. En el primer caso debemos contar con una evaluación de su seguridad y eficacia y tener el debate sobre las consideraciones éticas en relación a qué podemos hacer y hasta donde podemos llegar con la edición de genes en humanos.

En el caso de las plantas, el objetivo es imitar los cambios genéticos que ocurren en la naturaleza pero de una forma guiada y precisa, sin afectar otras caracteristicas. Es por esta razón que las plantas obtenidas mediante edición de genes son indistinguibles de aquellas naturales o las obtenidas por métodos tradicionales de mejoramiento génetico, haciendo que sus riesgos y consideraciones no sean distintas que las de los vegetales que consumimos habitualmente.

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