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Parte de los desafíos que tenemos después de esta pausa a la que nos ha obligado esta pandemia de coronavirus es imaginar cómo vamos a vivir en las ciudades, sabiendo que otro virus podría salirse de control. 

Este panorama hace necesario evaluar estrategia y nuevas ideas, por ello, Paloma Ávila conversó con el biólogo Salvador Donghi, representante legal de la bioconsultora Simbiosis.

Cuando se trata de mirar la vida en las ciudades, especialmente, después de una pandemia como la del COVID-19, las áreas verdes y los espacios silvestres cobran gran relevancia. “No es menor que la OMS proponga un estándar de metros cuadrados de áreas verdes por habitante. Nosotros en Chile tenemos una gran variedad de ecosistemas producto de nuestro aislamiento geográfico y además somos como una isla biogeográfica en términos de biodiversidad”, señala Donghi.

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El experto pone sobre la mesa un vínculo entre la sana relación con el medio ambiente y la inmunidad de las personas frente a enfermedades como el COVID-19.

Si tú conjugas eso, más lo que uno está observando hoy día en el territorio, específicamente en la Región de Valparaíso, donde aquellas comunas que están fuertemente rodeadas o que tienen un vínculo muy fuerte con áreas silvestres importantes, nos muestra que la tasa de contaminación ha sido muy baja. Esto indica que, de alguna forma, sus habitantes, y esta es la hipótesis, están mejor acondicionados inmunológicamente para enfrentar este tipo de pandemia, este tipo de virus”, explica.

Menciona en especial a Zapallar con el bosque de Zapallar; Olmúe con la reserva de la biósfera La Campana-Peñuelas; Nogales con la cordillera de El Melón, entre otras áreas.

Por ello, destaca la necesidad de mirar con más atención áreas naturales adyacentes a las ciudades y cuidarlas. “El desafío es a pensar cómo nosotros podemos incorporar a los diseños urbanos estas áreas silvestres de manera que, de alguna forma, podamos mejorar la salud pública respecto, por ejemplo, a todas los beneficios que nos entregan las áreas silvestres, pero sí al interior de las ciudades o de las urbes”, añade.

Donghi explica los beneficios que tiene para la estabilidad emocional estar en contacto con áreas verdes y silvestres disponibles cerca de los asentamientos urbanos.

Cuando tú participas de un área silvestre, estás participando de un ecosistema, que está constituido de múltiples especies, por tanto, existen múltiples relaciones ahí. Y lo que tú entras a formar parte es de ese sin número de relaciones. Cuando tú te relaciones sólo con una especie, obviamente en este caso con el pasto, tu relación es distinta. Sin embargo, ya estás en un hábitat de alguna forma natural”, sostiene.

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Lo importante de las áreas silvestres, asegura, es que este funcionamiento ecosistémico, que viene dado por años de evolución: “no hay que olvidar, por ejemplo, que nuestro bosque esclerófilo tomó su forma hace 15 millones de años, por lo tanto, hay una historia evolutiva en base a sus relaciones que en algún momento llegaron a los clímax de las formaciones, de las cuales nosotros entraríamos a formar parte. Eso reporta un beneficio”.

“El modo de participar hoy día en términos de diseño es proteger los fenómenos que ahí están sucediendo. Y esos tú los proteges a través de la observación. Por lo tanto, la observación se produce desde lejos”, concluyó.

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