Por Christian Noguchi
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Estados Unidos y China están guerra. Pero no es la nuclear, ni la comercial, sino por fin una con buenos propósitos y que podría literalmente “salvar al planeta”, o para ser exactos a nuestra especie. Eso es porque ambas potencias lideran la carrera por encontrar la cura al coronavirus. Son los países que, científicamente, están a la cabeza en la búsqueda de la trascendental vacuna.

China llama a voluntarios sanos, de entre 18 y 60 años de edad, para iniciar la fase experimental en humanos de un prototipo de vacuna que aseguran haber desarrollado. Eso es lo informado por su propio Ministerio de Defensa, el que, mediante un comunicado, aseguró que se trata de un proyecto clínico, desarrollado por la empresa CanSino Biologics, en conjunto con la Academia Militar de Ciencias Médicas.

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El bioingeniero y comandante chino Chen Wei es quién lidera la investigación. En Wuhan, epicentro de la emergencia, dice haber trabajado desde fines de enero en un prototipo que califica como una vacuna de “subunidad”. Es decir, que contiene ciertos antígenos específicos y no patógenos del coronavirus, en un contexto de otro virus, menos patógeno. Por lo que es considerada como más segura que las vacunas tradicionales.

La vacuna no tiene sustancias infecciosas, es muy segura y estable. Requiere de una sola inoculación”. Eso decía el profesional en el centro para el Control y Prevención de enfermedades de Hubei, en su llamado por conseguir voluntarios.

Es como cuando reconocemos a alguien por su uniforme de trabajo. Todo aquel que tenga ese uniforme, sabemos que trabaja para una empresa específica y no otra. Eso hace el sistema inmune. Reconoce.

Eso hace frente a un antígeno. “Si nosotros lo estimulamos con esa molécula (antígeno) proveniente del virus el propio sistema inmune lo reconoce como extraño, crea herramientas (anticuerpos) y lo elimina por completo”. Así lo explica, la doctora Mercedes López, investigadora del Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia (IMII) y del instituto Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile.

En este caso, el antígeno induce a nuestro organismo a producir anticuerpos que se encargarían de reconocer al coronavirus (patógeno). Marcarlo, y comenzar a combatirlo, antes que nos infecte por completo. Es como enseñarle a nuestro sistema inmune a crear una barrera de acceso, la que decide quién está invitado y quién no.

Estados Unidos se atreve, pero con método nunca antes probado

19 horas antes del anuncio hecho por China, Estado Unidos hizo su primera prueba. Es un proyecto financiado por el Instituto Nacional de Salud, el que estaría siendo desarrollado bajo la Empresa Biotecnológica “MODERN INC”.

Aquí estan probando una técnica que utiliza un ARN mensajero, el cual tienen la información para producir el antígeno (un trocito del virus, específicamente la glicoproteína de superficie viral SPIKE), en vez de usar una forma no activa del virus, para ser probada en humanos.

Es decir, se les da a los humanos solo un trozo específico del virus, capaz de encender nuestro sistema inmune para reconocer y eliminar todo el coronavirus si es que uno llega a ser expuesto después.

Se estarían probando las cantidades de RNA necesario, pero inicialmente serían dos pinchazos. Uno inmediato y el siguiente, 28 días después. Así se busca verificar la seguridad de diferentes dosis. Esta vacuna está siendo probada en un ensayo clínico de 20 personas y tendría su primer resultado en seis semanas más.

Esto es llamativo, porque la técnica utilizada por Estados Unidos, nunca antes ha sido testeada en humanos. No hay evidencia científica que lo avale. Por lo que sin duda, China ha sacado ventaja en esta carrera y están más cerca de encontrar una vacuna efectiva”. Opina la doctora López de la Universidad de Chile.

¿Cuándo podríamos vacunarnos?

Hay que ser claros. Si bien estos avances son importantes, los plazos realistas indican que podremos obtener una vacuna clínica recién entre 12 a 18 meses más.

En Chile se está desarrollando un prototipo, pero llevarlo a la práctica, lleva esa cantidad de tiempo. Eso mismo ocurre con lo que está haciendo China y EE.UU. La diferencia con ellos, es que por ejemplo, el país asiático ha puesto a más de mil científicos a trabajar en nueve proyectos en paralelo”. Indica la profesional Mercedes López, lo que por lo tanto, aumentaría su probabilidad de acierto.

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Hay que tomar en cuenta también, que en tiempos “sin coronavirus”, una vacuna puede llegar a tardar hasta una década para su certificación y puesta a disposición de la población. Por eso hay que estar atentos a los avances, y sería uno extraordinario, el poder contar con una para 2021.

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